miércoles, 11 de agosto de 2021

LA ESPIRITUALIDAD COMO FOCO CENTRAL, Y ÚLTIMO, DE LA PERSONA

 

 

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Es interesante, y extrañamente sugestivo, en reparar en la “mágica” conversión de infinidad de artistas, científicos, políticos, pensadores y observadores de la insondable cotidianidad que, en un momento “x” de sus (aparentes y regladas) vidas, giran desde pensamientos, o planteamientos, materialistas (ateos, agnósticos, radicales de izquierdas, positivistas, liberales y, sobre todo, anticlericales) a una franca espiritualidad; abrazando los hábitos de una orden religiosa, algunos; otros haciéndose “cómplices” de una determinada religión o, en su defecto, participar (a través de sus obras) de una renacida Espiritualidad. Y todo ello, pudiendo la figura (o Concepto), de Dios ser (o no) relevante. Pero, por encima de cualquier otra consideración, proyectar Espiritualidad.

 

¿Cuál es la espita que provoca esa “mágica” transformación?

Probablemente sean un cúmulo de “espitas” que posibiliten esa extraordinaria mutación: desde un desgarrador vacío existencial, pasando por un hartazgo alienante, siguiendo por un engaño permanente de la sociedad en la que uno transita y, acabando, en una búsqueda insistente, y vital, de la Verdad.

Ese mismo cambio (radical o progresivo) también es observable en el declarado comienzo de un más que ineludible, e irreversible, camino del fin de nuestros días, aquí, en la Tierra.

Como resumen, y colofón, a todo lo humanamente expuesto…

 

           La Verdad, y su “hermana” la Libertad, como el fin último a una inefable existencia virtuosa y plena.

 

Santiago Peña

 

 

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sábado, 31 de julio de 2021

AZUL Y LA FUERZA DEL ESPÍRITU REDENTOR

 

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Azul y Redención

Fuerza y pasión contenida; emoción. Pureza (virginidad) y exaltación. El color azul simboliza la estabilidad, constancia, inmortalidad, poder y sacralidad de la cosas. La expansión mística de un espíritu redentor. Harmonía, relajación, paz y serenidad. El equilibrio de lo físico; de la fuerza, ante un pretendido, y deseable, estado de sapiencia, mesura y quietud.

 

Por todo ello, el azul, es un color, eminentemente, espiritual. Digna representación de la inspiración; encontrándose vinculado a la justicia y a una piadosa sumisión; hacia lo divino y la perfecta eternidad. Según la Tradición de la Santa Biblia “Los diez Mandamientos” mosaicos fueron escritos sobre unas supuestas tablas de material pétreo azulenco. Es decir: de zafiro, una piedra preciosa de color azul. Es, por tanto que, el significado espiritual del color garzo, en Las Sagradas Escrituras encarna, precisamente, el recto cumplimiento de la ley: ya que es condición sine qua non para que se pueda vivir, sin desvarío, en una inquebrantable, y refulgente, pureza virginal; en una incorruptible espiritualidad. 
 
El cielo como base primigenia de la incombustible espiritualidad. La celestial presencia del permanente azul, fiel reflejo de su eterna, e inconmensurable, identidad. El etéreo manto azulado se refleja, aquí, en la tierra en cada nuevo despertar; en cada nuevo albor. Ascensión -¡siempre!- sin respiro, sin extenuación. Inexorablemente, en elevación.

 

Espada y espiritualidad

¡Todos, monjes y guerreros! Compromiso emancipador ante un valor superior: La Libertad, plena, sublime y excelsa. Todo ello –exigible- para poder vivir en la permanente Verdad.

La vida diaria es “Espada” y “Espiritualidad”. El día a día es Fuerza; es Lucha. Siempre Lucha; tanto física como espiritual. En una liberación permanente…

¡Sin tregua; sin debilidad; sin final!

 

Santiago Peña

 

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domingo, 23 de mayo de 2021

SOBRE EL PRESENTE

 

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La Humanidad, a pesar de haber transcurrido más de 10.000 años (desde el fin de la Prehistoria, pasando por una Protohistoria escasamente documentada, hasta llegar a lo que enunciaríamos como Historia: orígenes de las primeras sociedades jerarquizadas y alfabetizadas), se sigue rigiendo por un substrato marcadamente religioso. En consecuencia: la PERSONA, por su propia esencia (Metafísica), es religiosa. Lo de menos es que, a día de hoy, se sienta anticlerical con el culto de turno o atea respecto a la otrora religión oficial. En sí, el anticlericalismo y/o el ateísmo (especialmente, dentro del mundo occidental), no dejan de ser las “nuevas religiones” a las que debemos respeto y consideración. 

 

La “zombificación ideológica”

Planteamientos sociológicos, de raíz, falsos por ser excluyentes, absolutistas y aberrantes, pero “bendecidos” y “oficializados”:

 

  • La “alquimia social”, o como se puede ser lo que uno desee o pretenda.
  • El sentir, como una “tolerable” deformación de la realidad.
  • La negación, a través de la artificialidad de las cosas, de la propia naturaleza a la que se pretende defender y potenciar.

 

Viendo lo que estamos viendo, y por todo ello, estas son las únicas “armas” posibles para poder combatir, con un mínimo de garantía de éxito, al postmodernismo y a todas sus heredadas consecuencias: El Espíritu de la PERSONA, La Lógica y el Sentido Común. Y… ¡no hay más!

 

Por consiguiente, son las propias contradicciones sistémicas del postmodernismo, las que nos brindan la plena capacidad de reacción; seguida de una firme y desacomplejada contestación. Y es así como la Espiritualidad, y su praxis en un Humanismo Renovado, no entiende de ideologías.
  

Solo se perciben Verdades absolutas y eternas;

La Verdad es una y no doscientas.

 

No es cuestión de “quitarte tú para ponerme yo”; dando el salto (y sin red) a un permanente vacío existencial; abrazando, por engaño o ensoñación, “nuevas religiones” que en nada nos benefician pero que sí nos envilecen.

 

¿Qué se puede hacer en el presente?

Teniendo en cuenta que “estamos de paso” (o en una permanente Transición), la gestión -¡y nada más que la recta, y honesta, gestión!- debería ser suficiente para una eficaz y sana dirección. En cambio, sobran políticos ineptos y, a la vez, deshonestos. Y faltan gestores valiosos e íntegros. Un gobierno eficiente no precisa de tutelas ideológicas ni de brillantina. Y, menos, de… ¡voceros de tres al cuarto! Empero, sí que se necesitan servidores públicos aplicando un verdadero reparto de los recursos. En suma: dignos administradores de una verídica Justicia Social.

Por esta Justa razón, la Humanidad demanda Humanismo y una renacida Fuerza de Espíritu; reconstituyendo naturalezas perdidas…

 

Voluntades desoladas y confundidas;

Sombras solitarias compartiendo el bullicio;

Soledades estafadas y en permanente sacrificio.

 

 

Y, es por ello que, la PERSONA…

 

Es peregrina, sin desmallo, de la transversalidad;

Es atea indómita en una indestructible espiritualidad,

Fruto imperecedero de la Verdad Una y Universal.

 

 

En definitiva:

 

La Libertad se conquista viviendo en la Verdad y practicando una auténtica Justicia Social.

 

Santiago Peña

 

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