domingo, 10 de diciembre de 2017

EL MUNDO DE LAS IDEAS Y DE LA FE


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Introducción


Las ideas, mediante la fuerza interior, se substancian en un pensamiento, esquema o doctrina (social, filosófica, religiosa o política). Al igual que el símbolo encarna a la idea, la misma, determina una fuerza de espíritu capaz de impulsar pensamientos intelectivos y, al unísono, intuitivos. En este caso la subjetividad, junto con unas maduradas gotas de intelección, nos permiten representar mundos cuasi perfectos.

La praxis del acontecimiento primigenio es potencialmente realizable. Solo falta la ignición o deflagración. La masa crítica es la maduración de algo perfectamente ejecutable desde una visión idílica. Todo inicio, en una porción importante, es indeterminación. Lo supuesto, y perfectamente,  planificado es bastante improbable que se materialice en un mundo de débiles realidades. La conclusión de que aquello, que se inicio, nos brindará, estocásticamente, infinitos finales. Según el grado de satisfacción obtenida por el conjunto de la comunidad, nos señalará como infames, cobardes, héroes, anodinos, temerarios, semidioses o villanos.

Toda idea emerge desde el más elemental y puro pensamiento. Por lo que la idea, en sí misma, es fe, es imaginación, es fuerza de espíritu, es representación, es pasión y es intelección.


Por todo ello, ¿qué deduciríamos por idea?

 

Sería, en síntesis, la representación del mundo a través de nuestro propio "intelecto". Y, a partir de aquí, de cómo cambiarlo, o transformarlo, para obtener un deseable final substancialmente mejorado.


Y, ¿qué entenderíamos por fe?

     
Es la fidelidad a uno mismo, a nuestro entorno más inmediato y a todo aquel universo merecedor de serlo.


Artistas, obreros, políticos, urbanistas, poetas e ingenieros


Por consiguiente, el creer en uno mismo es el comienzo de algo maravilloso y de un final, como mínimo, esperanzador. No obstante, el grado de interdependencia social nos puede llegar a marcar una tendencia tristemente desfavorable. Todo proyecto, inicialmente utópico, puede derivar en una brutal distopía, si los ejecutores no son los más adecuados para tal teórico bienintencionado menester.

De estas guisas estamos, extenuantemente, acostumbrados: Idílicas teorías políticas pervertidas, y/o prostituidas, por pusilánimes de tres al cuarto. Desde despiadados tiranos, pasando por supuestos "demócratas" corruptos, hasta llegar a arribistas tiranosaurios. Auténticos depredadores de almas, espíritus y ensalmos. Para estos últimos no existe la colectividad y menos los pueblos o sujetos socializados. En definitiva: ¡No existe la PERSONA! Para este tipo de individuos solo existe la carne fresca; ganado esclavizante y sempiternos desclasados.

Toda magna obra, solamente, puede erigirse sobre una primigenia base: amplia, neta, profunda e impertérrita; seguidos de unos materiales, necesariamente, sólidos; de primera y livianos; y los acabados que demuestren ser, cabalmente, hijos de los primeros y de los segundos. Toda ella debe brillar por sí misma; sin necesidad de lustres artificios y, menos, de pactos. Las lentejuelas son adornos de "quita y pon"; al igual que las exageradas, e inmerecidas, adulaciones y glamurosos parabienes: todo falso; todo fugaz; todo vacuo.

La serena solidez de una obra duradera, en el tiempo y el espacio, glorifica la idea y la fe del artista, ingeniero, alfarero o arquitecto; del poeta, filósofo, carpintero o legado. Toda obra, en su potencial y manifiesta eternidad, lo será cuando transcienda a las modas, a los quinquenios y a los millardos.


Santiago Peña


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miércoles, 2 de agosto de 2017

¿LA LIBERTAD POR POSEER O LA LIBERTAD POR SER?


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No es lo mismo la libertad material, que la libertad espiritual



En la presente sociedad/civilización occidental, por su carácter eminentemente hedonista (sensitivo) y material, impera el deseo irrefrenable del poseer: "Tanto tienes, tanto vales".

La llamada libertad por disponer (o por el querer poseer, y por desear o aspirar a tener, aquello que "disfrutan" otros), es la confirmación de un vacío permanente, inconfesable y no entendible. No asumible. Esa supuesta libertad es malsana y falsa.

La libertad no es un concepto en el mundo de la materia. La falta de libertad física, ocasionada por un cumplimiento de condena, no nos interesa. Hablemos de la libertad de conciencia, de pensamiento, de poder expresarnos en una permanente realidad de las cosas, de vivir en la verdad y de una búsqueda del conocimiento sin temor a equivocarnos. Refirámonos a la libertad de ser.

A día de hoy no se valora a la PERSONA por sus variadas y prolíficas virtudes. La búsqueda de la libertad material, utilitarista, y del goce, se instaló en el, eufemístico, progreso y en la modernidad; minando, y deteriorando, la estructura de la ordenación genuina de la sociedad. En otras palabras: la racional organización de la actual civilización. Es decir: el Logos Social.

La envidia es señora omnipresente de miserables subsistencias. La intolerancia es reina de príncipes y mendigos. La mentira es concubina de timadores y esbirros. La apariencia es prima de hipócritas y fingidos. La arrogancia es hermana de la vanidad y del orgullo. Todo aplasta. Todo huele y todo se oculta. Nada es lo que pretende ser. La miseria campa "libremente" en infantes y excluidos. Todo es fugacidad y nada se ennoblece.  

Somos cirios apagados o, en su defecto, disminuidos. Esta sociedad desconecta corazones, adormece conciencias y mutila humanidades. Esta civilización enaltece insanas envidias. Esta sociedad es pura gangrena. Pudre cándidas almas; alimentado una infinita tormenta de restos exhumados, pero no fenecidos. Se puede morir de pena; se puede vivir sin aliento. Mutación del alma; conducidos a un disonante suspiro; arrojados a un imperceptible suicidio.

Lucifer cayó, pero venció. Lució tan intensamente que se fundió. Se abrasó su corazón. Derritió su alma, destruyendo su luz. Las artificiales luces de neón son los fastos de la indiferencia y de su permanente laxitud.


De la materia no se puede obtener libertad



Nobles espíritus, recojamos sus ardientes desechos. Las cenizas de su maléfica existencia siguen aquí, todos los días y en todos los recovecos. Son restos materializados, solidificados y pétreos. Convertidos en sólidos muros de intolerancia, maldad y animadversión. La falta de libertad de espíritu es la prueba palpable de su obscena lobreguez. Solo percibimos reflejos de un falso albor; de una quimérica luz. La obstinada obscuridad nos envuelve en un manto de indescriptible desazón e inconmensurable desamor...


¡Atalayas de la esperanza!
¡Nobles árboles de la tenacidad!
¡Sublimes ráfagas de candor!
¡Valles de vigorosa pasión!

¡Todos locos!
¡Todos fugaces!
¡Todo es inconstante!
¡Nada se mantiene y todo se deshace!

¡Paladines de espíritus acobardados y deprimidos!
¡Expulsemos la ingratitud de materia, en constante putrefacción!
¡Seamos dueños de espíritus bienhechores!
¡Seamos conquistadores de los abismos del tenebroso averno!

¡Adoradores de altares perversos, perderos en el justiciero desierto!
¡Nada tenéis que aportar; mucho por violar y robar!
¡Huir con lo puesto y, por supuesto, llevaros vuestras almas ladinas!
¡Menos que paupérrimas; menos que mezquinas!

¡Llevároslas y quitaros la vida!
¡Lo mismo que hicisteis con vuestras ultrajadas víctimas!
¡Asesinadas en su esencia!
¡Enterradas vivas!


La libertad de ser, es libertad



Santiago Peña


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domingo, 2 de julio de 2017

CIUDADANOS O PERSONAS


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Las actuales ideologías (ya absolutamente desfasadas) deberán dar paso a nuevas, y verdaderamente humanas, teorías políticas. El actual régimen de partidos, como sistema obsoleto (y corrompido irreversiblemente), está totalmente extinguido y perfectamente "amortizado". Y, fruto de todo ello, es una estafa para la, eufemísticamente, llamada ciudadanía. -Habrá que partir de la base que, por higiene Ética, ciudadano (indistintamente utilizado como adjetivo calificativo, o como un impersonal sustantivo) es una falacia y una burla a la PERSONA, y es una triste y trágica realidad-

 

¡Bien! definamos ¿qué es ser un ciudadano?


Según el DRAE: "natural, o vecino, de una ciudad; perteneciente, o relativo, a la ciudad; a los ciudadanos". La sucesiva ya es más ilustrativa, y nos sitúa en la contemporaneidad: "Persona considerada como miembro activo de un Estado; titular de derechos políticos y sometido a sus leyes". La siguiente es una derivada (referencial) de las anteriores: "hombre bueno (hombre que pertenecía al estado llano)". Y la última es origen de todo lo anterior: "Habitante libre de las ciudades antiguas". -Consideremos a las Polis de la Antigua Grecia-

 

Y ahora, lo mismo, ¿qué es ser una PERSONA? 


De origen latín: persōna 'máscara de actor', 'personaje teatral'. -¡Interesante!-. Otras más genéricas: "individuo de la especie humana"; "hombre o mujer cuyo nombre se ignora o se omite"; "hombre o mujer distinguidos en la vida pública"; "hombre o mujer de prendas, capacidad, disposición y prudencia"; "personaje que toma parte en la acción de una obra literaria"; en Derecho, "sujeto de derecho"; en filosofía, "supuesto inteligente".

¿Cuál es la verdadera división de la sociedad?


Hasta ahora, siempre, se había dicho -y así ha quedado en el subconsciente de los pueblos- "que se reparte en movimientos de derechas (ricos, clase acomodada, aristocracia, grandes empresarios, altos funcionarios, latifundistas, clero y una parte importante de la cúpula militar) y de izquierdas (fuerzas del trabajo, una parte significativa de la, llamada, progresía, mediana burguesía, profesorado el -mal invocado- mundo de la cultura y los -mal citados- desposeídos)".

Este reparto, interesado, ha funcionado durante más de dos centurias. Es decir: desde la Revolución Francesa (1789 - 1799) hasta nuestros días (y con la taimada idea de seguir, así, funcionando "por los siglos de los siglos"). Cuando la verdadera situación de las cosas deja entrever una realidad diametralmente opuesta al statu quo establecido.

El Estado representa la supuesta inmovilidad de un sistema político, aparentemente estable y consolidado. En él no se necesitan cambios; a lo sumo puntuales reformas para una mejor gestión del mismo. Pero, nada más es necesario.

En estas deformes Sociedades/Estados, en las que existencialmente malvivimos, nos “venden” el término ciudadanos cuando, en realidad y sin más, somos PERSONAS. El marchamo “ciudadano” nos brinda la oportunidad de ser, “aparentemente” lo que deseemos ser. Cuando "el ser" no es un deseo sino una necesidad existencial y, por tanto, nuestra innegable realidad.

La clave de todo nuevo movimiento, con una clara y sana situación de revertir el actual (putrefacto y mal sano) orden establecido, consiste en la transversalidad de una renovada civilización/sociedad: más equitativa, más justa, más sana, más espiritual, más humana... Los actuales estándares socioeconómicos no sirven por corruptos, elitistas, perversos, segregacionistas, liberticidas, ultraliberales y, claramente, exterminadores de la PERSONA, como ente único.

No somos ciudadanos: somos, simplemente, PERSONAS. Y mucho menos gente: expresión impersonal, vulgar e insolente, hacia nuestra suprema, y soberana, identidad. Para el resto; para los medios de comunicación; para la gran sociedad, somos, solo, eso: gente.

Nos adoctrinan para que seamos el dos, para que seamos el cuarenta y dos, y para que seamos el ochocientos cuarenta y dos. Nos violentan a serlo. Nos obligan a organizarnos en el numeral; en la cantidad. Y no, en la singularidad; en la entidad; en la calidad.

No somos un "sintético" documento nacional de identidad. Y, mucho menos, usuarios de los respectivos sistemas nacionales de salud. Sencillamente, somos PERSONAS: sanas o enfermas pero, por encima de cualquier otra (peregrina e inmoral) consideración, somos PERSONAS. Como determinante argumento de peso: se viene diciendo, desde ya hace un tiempo, en el "esotérico" mundo de la ciencia cibernética, que la Inteligencia Artificial habrá alcanzado su mayoría de edad cuando su capacidad de abstracción sea "perfectamente" humana. Es decir, cuando se haya creado una máquina que sea capaz de superar el Test de Turing (incluyendo sentimientos y, posibles, errores inherentes a la mente de un ser humano). Así debería ser la reconstituida burocracia de ese naciente Estado (íntegramente) Humanista: más empático, totalmente dulcificado, más amable, más considerado y sensible. En síntesis: un Estado de las PERSONAS; para las PERSONAS.
       
Somos lo que queramos ser. Somos potencia de la libertad. Somos antorchas de una deseable realidad. Somos locuaces barbilampiños de una irrefrenable perennidad. No seamos "torquemadas". Seamos hacedores de una plena libertad. Libertad para poder criticar; libertad para poder disentir; libertad para poder vivir en una genuina paz; libertad para poder vivir en plena honestidad; libertad para poder vivir en una auténtica sociedad de los valores eternos. Coherencia sublime; coherencia soberana; coherencia indiscutible; coherencia serena. ¡Castores de corsés asfixiantes; marineros en mares inmensos; capitanes en océanos excelsos!

Diamantina verdad; pátina de luz; desnudez en tierras negras; en soliloquios de una apetecible infinitud. Así nos sentimos; así dispusimos; así crecimos. Ascendimos como PERSONAS; progresamos como cazadores de conocimiento; nos "enriquecimos" en una innegable, e implícita, sapiencia. Evolución desde el cero hasta el infinito. Origen y final, todo uno. Todos los posibles universos se ubican en nuestra mente: una y transcendente. El pensamiento de cada uno de nosotros es una suma infinita de firmamentos. En él, el tiempo y el espació es pura entelequia. Todo lo crea, todo lo abarca y, si fuese preciso, todo lo sentencia. Sentencia de un programado olvido; sentencia de un aleatorio descuido.

Por todo lo dicho somos, sencilla y llanamente, PERSONAS.

Santiago Peña

Como complemento a este post, recomiendo la relectura del siguiente:

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