domingo, 28 de mayo de 2017

ATISBOS DE REALIDAD - 1


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Cantidad vs Calidad



¿Qué entendemos por cantidad?

La cantidad es el volumen, o el número de veces, de un producto realizado. Es decir: es cuantía, es materia; es una repetitiva representación de veces, o de masa. En resumen: es un concepto físico y continuado de las cosas y, en definitiva, es un número.

¿Qué entendemos por calidad?

La calidad, es el "Alma" de ese mismo producto, de un ser, de un ente, de una representación, de un pensamiento, de un acto, de un acontecimiento, o de un hecho.

Nos venden cantidades y no cualidades; nos venden oscuridad y no luz; nos venden vacío y no plenitud


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Lenguaje y Pensamiento


Hay (algunos) filólogos que se empeñan en justificar que las lenguas  se mantienen vivas gracias a las erratas (perpetuadas) de los que las usamos; que el lenguaje popular de hoy será la norma de mañana… contracciones, recortes, barbarismos,...

"La vulgaridad de hoy puede ser la norma de mañana y la pureza de pasado mañana".
"La lengua es hija del error y la hacen avanzar quienes peor la hablan"...


¿Y el pensamiento?


Honestamente: creo que no es lícito simplificar el uso de la lengua que, indistintamente, estemos utilizando. Una lengua viva, y de futuro, es la que se emplea en su totalidad; no recortada, no reducida y la que evita la inclusión de vocablos, giros, o expresiones, que no le corresponden. Por tanto ¿es justo el incorporar términos foráneos existiendo los propios?

Si se simplifica el lenguaje estaremos simplificando nuestro pensamiento


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Fe y Razón


La fe, como búsqueda de la libertad; la razón, como reconocimiento de la esclavitud existencial.


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Espiritualidad y deseo carnal


La pasión, el arrobamiento, la sensación de ingravidez, la emoción, la contemplación, el despertar y la iluminación, son diferentes aspectos de una misma Realidad. Lo material y lo espiritual no son para nada antitéticos si no, muy al contrario, complementarios. Es más: son lo mismo. Son dos formas de canalizar la energía, o el Espíritu, de la PERSONA.

Como sumun de la Espiritualidad, la Mística es una suerte de vínculo, de igual manera que la unión carnal. La alianza a algo, o a alguien, es la forma palpable de confirmación de lo incompleto para instituir lo completo. Todo ello tiene que ver con la fusión de lo diviso para culminar en lo indiviso. Así, de lo imperfecto, transcender a lo perfecto. De ahí viene el considerado axioma cósmico-metafísico de la síntesis de identidades o Triada. En resumen: todas las principales mitologías acaban concretándose en el Dios Padre, en la Diosa Madre y en el Dios Hijo. Y siendo, al igual que en el microcosmos (Cuerpo, Alma y Espíritu), la mínima base de sustentación del Cosmos.


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Santiago Peña


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domingo, 14 de mayo de 2017

SOBRE EL RELATIVISMO Y UNA DE SUS PRINCIPALES CONSECUENCIAS: LA INCOHERENCIA


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“¡Ahora es así!; ¿mañana?,... ¡ya veremos!”


Esta lapidaria frase expone, con meridiana claridad, uno de los males de hoy en día: el relativismo moral, en el devenir cotidiano, de una enormidad de personajes (y personajillos) con una posición política, económica y/o social relevante. Es decir: supuestos modelos de comportamiento a seguir, o referentes sociales.

La falsedad continuada de actos contrarios a lo prometido, en función de intereses torpemente disimulados, delata al cobarde ejecutor de tales "invenciones".

La incoherencia es una incómoda (y delatora) compañera de viaje en tiempos de infinitas frustraciones y (saturados) de aborrecibles apariencias. Una gran silente mayoría estamos hastiados de mequetrefes de la fruslería y de la elegancia paupérrima. Todos ellos, glamurosos de la mentira.

Como primera emanación: carecemos de ilustres guías de la vida pública. A lo sumo representantes botarates y poco eficientes; incapaces de diferenciar hemorragia de hemofilia (la primera es una consecuencia de la segunda y no a la inversa). Nos merecemos lo que tenemos. Al fin y al cabo, estos interlocutores de tres al cuarto, son vecinos o conocidos del quinto; pasado no hace mucho tiempo eran algunos de nosotros o un hermano del séptimo; son pueblo, pero lo olvidan con la misma (extremada) avaricia con la que llenan sus bolsillos y acrecientan su acristalado narcisismo.

Segunda consecuencia: la vanagloriada sociedad de las libertades democráticas es una entelequia. Está gravemente enferma; ella no lo sabe. Algunos de sus sufridos, y asqueados, "ciudadanos" la padecen en sus corazones y, sobre todo, en su esencia. Los "chulos" que la desangran, y martirizan, niegan la mayor; siendo, ésta, su tremenda y lamentable incoherencia. Les va en ello su supervivencia social y sus desmesuradas vidas. Según sus "brillantes" cabezas (en voces ajenas y propias): "¡es una gran mentira de ciudadanos resentidos; vivimos en el mejor de los sistemas socio-políticos posibles!; el resto de sociedades son el caos o Satanás envilecido".... Suma y sigue...

En conclusión: vivimos en una estafa continua, en la que unos pocos viven muy bien -¡por supuesto!- a expensas de una extenuada mayoría. Sus "maravillosas" vidas son supuestos modelos de éxito político, profesional, social... Y -¡evidentemente!- son depositarios de una "felicidad" digna de alabar y ejemplo a seguir. ¿La realidad de (casi) todos ellos? corruptos, hipócritas, amorales, falsos; crédulos de sus propias mentiras. Todo lo relativizan; todo lo maquillan, por activa y por pasiva.


¿Qué reporta el relativismo a estos personajillos de la vida social y pública; en que les beneficia?

Contentar al máximo número de seguidores. El prometer es fácil; no así el hacer cumplir. El ejecutar las cosas, en muchos casos, resta y no asegura la continuidad política, social y/o económica del "ilustre personaje". El ciudadano, como PERSONA mal preparada y desconocedora de su falsaria vida, no espera escuchar verdades; desea ser engañado con una bonita sonrisa, emborrachado de estupideces venditas y mucha gomina. La Verdad es áspera y más si en ella se delatan millones de estafadas vidas. Vidas vacías, vidas maquilladas y asquerosamente aburridas. No por abulia, si no por falsas e hipócritas.

Nos deberíamos regir por el hacer y no por el prometer. La coherencia -como gran perdedora de actos sinceros, francos y honestos- no vende; no reluce en sí misma. Las verdades son verdades y pueden ser terriblemente crueles y esquivas. Detrás de la dura Realidad se encuentra una gran Verdad.

La irresponsabilidad, inconscientemente asumida, de una sucesión de generaciones (casi perdidas) delatan a las mismas: pobres, amorales, anodinas, vacías... y sin saber "¿qué es eso de la Moral y de la Ética"? Todos egoístas, todos pusilánimes, todos narcisistas, todos unos pobres arribistas:

No hay voluntad de ser; se prefiere poseer

Por todo ello:

Hay que dejar de aspirar a tener y asumir la firme voluntad de ser. La tenencia con el tiempo se disipa; suspirar a ser uno mismo no tiene quita; es el mejor presente que te va a otorgar la vida.


Santiago Peña


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domingo, 26 de febrero de 2017

CULTURA Y TRADICIÓN



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Nuestras vidas transitan y la Cultura perdura; las generaciones se cruzan y la Tradición permanece


El cultivo del Alma con la intención de transcendencia se llama Cultura. Cuando se establece una relación intergeneracional de persistencia se conoce como Tradición.

La Naturaleza es Sabia y, a la vez, terca. Siempre que pueda se negará a aquello que pretendamos imponerle. Por ejemplo: de una mula, de ningún modo, se podrá llegar a obtener una yegua de carreras, si bien podrás llegar a forjar una gran mula. Y de eso se trata: hay que aprender, permanentemente, a ser quien eres. De la constancia y la rectitud se pueden llegar a obtener excelentes resultados. De la inconstancia, del no reconocimiento de nuestras limitaciones, de la inmediatez, de la testarudez y de la deshonestidad no obtendremos nada; como mucho nada positivo.

La actualidad pasa; la Tradición perdura. Lo moderno corre y se desvanece con la misma inmediatez que en su primer, y ya olvidado, resplandor. Y, en muchos casos, se repiten cíclicamente, como las olas del mar. En cambio, la Cultura es lo que permanece. No hay nada más fugaz que la misma modernidad, con sus modas impuestas y evanescentes. Los estilismos van y vienen, pero no nos hacen progresar; no evolucionamos; no maduramos y no crecemos como PERSONAS y, por derivación, como colectividad.

Toda gran Cultura surge de la destilación, o sublimación, de preciados caldos, procediendo a su fermentación, posterior maduración y dándose a probar hasta que la comunidad, de donde procede, les otorga el estatus de macerado conocimiento para un feliz, y continuado, provecho de la misma sociedad.

Las PERSONAS nacen, estudian, asimilan, laboran, proyectan, crean y mueren, pero sus obras continúan y, con ellas, su Cultura. La Tradición deviene en Cultura cuando es compartida, con carácter de persistencia, por todo un grupo humano. Las obras (de arte, arquitectónicas...) son Cultura, y son Tradición, cuando traspasan los límites (espaciales y temporales) de su creador.

Pero, no todo es Cultura. Lo efímero no es Cultura; lo inconsistente no es Cultura; lo chabacano, y vulgar, no es Cultura; las lentejuelas no son Cultura. Por todo ello: Hollywood no es Cultura. Y por este motivo, el cine actual (por mucho que, una gran mayoría, lo envuelvan de Cultura) es, mayormente, industria. Los mismos cineastas lo reconocen. Es una efectiva, y fructífera, industria del entretenimiento.

En cambio: "las Cuatro Estaciones", de Vivaldi, sí es Cultura; "las Meninas", de Velázquez, sí es Cultura; el "Poema de Gilgamesh", sí es Cultura. En definitiva: Son Cultura y son Tradición.

Adaptación y equilibrio son las bases de la Tradición. Debemos adaptarnos, pero manteniendo las esencias que nos identifican y nos dotan de una consistente alianza, sin fisuras y permanente, con lo Eterno. Y, así de esta forma, alcanzar el anhelado objetivo de lo sublime y de la plenitud espiritual. La soledad existencial, en la que transitamos, quedará, en grado importante, armoniosamente mitigada.

La Eternidad es la continuidad asegurada, y es la certificada persistencia de memoria y obra, de Cultura y Tradición; de poner en permanente unión a la PERSONA con la Divinidad. De esta mística unión se asegura un vínculo sagrado de lo humano con lo divino; del Ser con el Cosmos; de la PERSONA con su Luz.

En esto radica la Cultura, y en esto consiste la Tradición: dotar de significado el quehacer vivencial de la PERSONA, su lugar y de su sagrada misión, en el infinito espacio tiempo.

Pasarán un billón de años y la Luz permanecerá; pasarán un billón de años y nuestras Almas pervivirán. Todo recuerdo es el reflejo de la Luz de millones de estrellas fugaces que, en algún momento de nuestras limitadas existencias, fuimos PERSONAS.

  
Toda Luz ilumina la totalidad del universo, por ínfimo que sea su resplandor


Santiago Peña


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