sábado, 31 de julio de 2021

AZUL Y LA FUERZA DEL ESPÍRITU REDENTOR

 

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Azul y Redención

Fuerza y pasión contenida; emoción. Pureza (virginidad) y exaltación. El color azul simboliza la estabilidad, constancia, inmortalidad, poder y sacralidad de la cosas. La expansión mística de un espíritu redentor. Harmonía, relajación, paz y serenidad. El equilibrio de lo físico; de la fuerza, ante un pretendido, y deseable, estado de sapiencia, mesura y quietud.

 

Por todo ello, el azul, es un color, eminentemente, espiritual. Digna representación de la inspiración; encontrándose vinculado a la justicia y a una piadosa sumisión; hacia lo divino y la perfecta eternidad. Según la Tradición de la Santa Biblia “Los diez Mandamientos” mosaicos fueron escritos sobre unas supuestas tablas de material pétreo azulenco. Es decir: de zafiro, una piedra preciosa de color azul. Es, por tanto que, el significado espiritual del color garzo, en Las Sagradas Escrituras encarna, precisamente, el recto cumplimiento de la ley: ya que es condición sine qua non para que se pueda vivir, sin desvarío, en una inquebrantable, y refulgente, pureza virginal; en una incorruptible espiritualidad. 
 
El cielo como base primigenia de la incombustible espiritualidad. La celestial presencia del permanente azul, fiel reflejo de su eterna, e inconmensurable, identidad. El etéreo manto azulado se refleja, aquí, en la tierra en cada nuevo despertar; en cada nuevo albor. Ascensión -¡siempre!- sin respiro, sin extenuación. Inexorablemente, en elevación.

 

Espada y espiritualidad

¡Todos, monjes y guerreros! Compromiso emancipador ante un valor superior: La Libertad, plena, sublime y excelsa. Todo ello –exigible- para poder vivir en la permanente Verdad.

La vida diaria es “Espada” y “Espiritualidad”. El día a día es Fuerza; es Lucha. Siempre Lucha; tanto física como espiritual. En una liberación permanente…

¡Sin tregua; sin debilidad; sin final!

 

Santiago Peña

 

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