domingo, 21 de marzo de 2021

POR UN RENOVADO HUMANISMO PARA UNA NUEVA SOCIEDAD


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Partiendo de los principios básicos del Humanismo Clásico expongamos los cardinales puntos a incorporar, consecuencia de la pertinente contemporaneidad:


Moralidad y Pedagogía


Lo que conocemos, hoy en día, por Humanismo, vendría a ser una imperecedera doctrina social, moralmente reconstituida y pedagógicamente abierta a todo tipo de saberes, en todo tiempo, y originarios de cualquier lugar.
 



Valores y Ciencia

 

Por un renovado Humanismo o como integrar la totalidad de los Valores de la Humanidad; sin renunciar a los avances de la Ciencia. Por todo ello, reprogramemos la vuelta a un Humanismo fortalecido frente a la “dictadura” de una Ciencia oficializada y tiránica.
 
 


Razón y Sentimiento


Honor y respeto, a partes iguales, hacia el Sentimiento y la Razón. En el punto medio se halla el distintivo valor de todas las cosas.
 


El Mito del Progreso

 
El Progreso, como la imposición de una nueva ideología dogmática (o una nueva “religión”), excluyente y simplificadora; injustamente en contra de la Historia (no oficial pero, sí, verdadera), de la Cultura Ancestral y de la Tradición.
 

 

Imaginación, Espiritualidad y Conocimiento

La Imaginación, o como escapar de una encorsetada, instituida y aparente Realidad. Lo Espiritual, como una evidente fuente de Conocimiento, de Luz y de Introspección. El Conocimiento, como síntesis de la imaginación, de una (supuesta) Realidad y de la Espiritualidad. Y, así mismo, el Conocimiento, como Sombras y Luz. Las Sombras son múltiples. En cambio, la Verdad es Una, como la Luz.

 
 

Modernidad y Humanidad

La Modernidad, como el desprecio absoluto entorno a la Verdad oculta de las cosas, de la (genuina) Realidad y de la propia Humanidad.

 

 

Antiguo y Nuevo

 
Es necesario evaluar lo, supuestamente, antiguo con una mirada nueva. Porque en el principio del Todo se aloja el final de todo comienzo. Todo es Uno y no hay nada fuera del Todo.



Lo Múltiple y la Unidad


Es apremiante abandonar a la Multiplicidad para, de esta forma, abrazar a la Unidad. Las falsedades, o mentiras, son obra de una ficticia Multiplicidad. Por  contra, la Unidad es “madre” –indiscutible- de la Verdad.

 

Estudiar y Aprender

 
La decadencia de las sociedades contemporáneas es signo evidente del abandono del Estudio, del olvido de nuestros orígenes (Ancestros, Cultura y Tradición) y de la expulsión, en nuestro día a día, de la Ética y de la Moral. En definitiva, la Corrupción “está servida” y ¡todos al “paredón”! Fruto de nuestros (aciagos) días, y para evitar el “suicidio” de toda una Civilización, hay que Estudiar y Aprender, invariablemente, en todo tiempo y en todo lugar…

Siempre estudiando, siempre aprendiendo, hasta el mismo final

 

Santiago Peña

 

 

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domingo, 7 de febrero de 2021

EL REPETIR ES EL MANTENER

 

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El “Tiempo Magno” (Mircea Eliade, 1907 – 1986) es la Eternidad; es la constante búsqueda del no-cambio; de la permanencia; del Mantenerse a través de la Repetición.

 

Desde la Prehistoria a la Protohistoria: el Rito y el Mito

Para el pensamiento no-histórico (Prehistoria y Tradición), la linealidad del tiempo no se puede dar. El Rito, como Repetición de la Sacralidad, y el Mito, como hechos “maravillosos” narrados en una era primordial, nos recuerdan que el tiempo es Cíclico: el Círculo es lo Sagrado, es la Perfección y es lo Eterno. La muerte no existe como tal, sino que es el no-reconocimiento de la no-existencia del ser. Esto es: su no-muerte; lo que nos induce a repetir cíclicamente, e invariablemente, los Ritos de la Regeneración (o Resurrección).

 
-Las innumerables Ceremonias Sagradas, en el Antiguo Egipto, son una fuente inacabable de Sapiencia Ancestral y Tradición-
 
El querer regresar, es el pretender (re)nacer. El tránsito es el recorrido de ida y vuelta; no el fin, acaso el comienzo; “el volver a empezar”. Y, en definitiva, una (posible) respuesta a la Razón Primera del porqué de nuestra confusa, y angustiosa, existencia.
 
Es por todo ello que, la Modernidad (con su ruptura trágica, e irreconciliable, con la Tradición), ha trastocado el equilibrio mental de una parte importante de la sociedad occidental, al negarle los ciclos temporales del devenir armónico de la propia existencia humana. El romper con los ancestros, el no respetar y no tener en cuenta la liturgia de la temporalidad, amenaza gravemente con la propia continuidad de la misma sociedad a la que se pretende “modernizar”.

Empero, la Modernidad, como avance innegable en el “estado del bienestar”, es admisible y deseable. Proveerse de nuevos medios tecnocientíficos, para una sincera mejora de las sociedades, es una obligación moral e irrenunciable. Pero, no a costa de romper con nuestros orígenes. El romper, fragmentar o quebrar, es inducir al suicidio de todo una sociedad inconclusa, desubicada y manifiestamente corrompible. Si, en el trayecto vital del conjunto de toda una sociedad, se desvanece el punto referencial, la misma humanidad “no se encuentra” y acaba extinguiéndose. Otrora, civilizaciones ya difuntas (como la Antigua Roma), fueron engullidas por el “dragón” de la involución y de la barbarie, cual pseudoregreso caótico a una velada oscuridad. Como es sabido, Roma, no fue derrotada por ninguna gran potencia emergente de aquel momento: ella misma sucumbió (gradualmente) ante la renuncia de su Tradición, de su Historia, de su Moralidad, de su Espiritualidad y a la irrupción gangrenosa, y rampante, de su institucionalizada Corrupción.        

Prueba de todo ello y ateniéndonos al conocimiento íntimo de las cosas (con sus evidentes matices se puede llegar a decir que en cada uno de nosotros y de una forma ostensiblemente clara o casi imperceptible), la Espiritualidad de la PERSONA es Intangible. Es decir: no es medible.

¡Bien! Y,… ¿qué nos viene a “dictar” la Modernidad?: qué, si la Espiritualidad no es medible -¡como es el caso!- o cuantificable, no es asumible y, por tanto, argumentativamente repudiable.

No obstante, repitamos -¡una vez más!- que, esta nihilista “solución”, no es aceptable bajo ningún concepto por muchas razones empíricas que se arrojen en el amplio, y basto, campo del oficializado método científico; siendo, éste (axiomáticamente), la única forma de captación del conocimiento. Por lo que, nuevamente, no nos neguemos (tozudamente) el conocimiento íntimo de la PERSONA. El mismo es el más puro y es el que nos revela, realmente, como somos. No, como nos vemos o nos sentimos. Aquí el Saber Absoluto (o Noesis) juega un papel fundamental acerca de la Auténtica Realidad.  

En el equilibrio; en la justa medida, se haya la Realidad del Verdadero Conocimiento. En toda su Plenitud, en todo se Extensión; en todo su Esplendor. El Verdadero Conocimiento de la Realidad de las Cosas transciende a la misma temporalidad; manteniéndose incólume. Es la propia “Comunión con la Divinidad” (interior o exterior) la que nos revela el Primer Conocimiento, y Último, de la Totalidad del Universo.

 

“Todo tipo de conocimiento es bueno, siempre que sea verdadero” 

 

Santiago Peña

 

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domingo, 24 de enero de 2021

LO QUE REPRESENTA MAAT EN EL MUNDO

 
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Introducción

Maat, como símbolo de la Verdad, la Justicia y la Armonía Cósmica. Es, esencialmente, un Concepto Abstracto de Justicia Universal y de Equilibrio Cósmico; que prevalecen en el mundo desde su inicio y que, por encima de cualquier vicisitud, es preciso preservar. Y, por tanto, es un compendio de la cosmovisión egipcia, afín a la idea de Armonía y Areté, características del mundo de los antiguos helenos, o a la idea de virtud (Virtus), de la cultura romana y, por extensión, judeocristiana. 


Mitología

Ma'at (o Maat) fue una diosa egipcia, hija de Ra-Atum, en la Mitología Egipcia.

Era hija de Atum, y a partir de la XVIIIª dinastía fue, así mismo, hija de Ra. Estaba emparentada con Uneg (que personificaba, del mismo modo, el Orden Cósmico) y Nehemetauy (vinculada con la Justicia) con las que participaba en tareas diversas. Para los antiguos egipcios la percepción de dualidad era muy significativa en su religiosidad. Esta deidad aparecía nombrada como “Las Dos Maat”, la análoga diosa para el Alto y el Bajo Egipto.

Fue protectora titular de los jueces; luciendo, éstos (en su gran mayoría), su figura suspendida del cuello a modo de amuleto. En esta ocupación estaba auxiliada por el dios Thot (como “Escriba Mayor” y “Notario del Reino”) para preservar el orden.

Como deidad de la Justicia, la Verdad y el Orden (tanto cósmico, como político y social), fue una diosa fundamental en la escrupulosa gestión de gobernar de los faraones, como suprema guardiana del Orden Universal. El dios Osiris, Juez soberano y supremo de las Leyes de Maat, presidía el juicio de los difuntos y la imagen de la propia Maat, o su pluma, servía de contrapeso para valorar el corazón del difunto. Este transcendental momento sucedía en la Sala de las Dos Verdades, llamada así por las frecuentes apariciones de Maat como dos diosas aladas idénticas. A su vez, Maat es poco más o menos semejante al aire, es la pauta que tutelará el orden de las manifestaciones cósmicas, las normas sociales y el acatamiento de las leyes divinas, todas de obligado cumplimiento. Era calificada, además, sustento de los dioses, ya que, en el rito diario, el oficiante brindaba una estatuilla al dios, para que se nutriera de ella (de Justicia, de Orden y de Verdad). Surge citada en el Reino Antiguo en los “Textos de las Pirámides“. Su postrera función era la de servir de “conductora” del dios solar Ra, de quien es calificada hija suya, en su travesía por el cielo; iba tras su padre en la embarcación que les trasladaba cada noche hasta el Duat (mundo subterráneo o inframundo) para, así cíclicamente, librar una lucha con la gigantesca, e inmortal, serpiente Apofis y, una vez más, derrotarla para volver, los dos, a resurgir al Alba. Manteniéndose, inquebrantablemente, el ciclo de la victoria del Orden Cósmico (Maat) sobre el Caos. 

Posteriormente se la hizo esposa de Ra y, a partir de la XVIIIª Dinastía, la pareja real pasa a compararse con Ra y Maat, cuya unión es la garantía de un funcionamiento equilibrado y armónico del mundo. Representada como mujer de pie o sentada sobre sus talones, con una gran pluma de avestruz en la cabeza, el Cetro Uas en una mano y el Anj (Llave de Vida) en la otra; en algunas ocasiones aparece con un par de alas junto a sus brazos; o bien con una pluma de avestruz sobre su cabeza. Deificación abstracta, por excelencia, no tiene ningún centro propio de culto, aunque fue adorada (hasta mediados del Imperio Medio) en el templo de Montu, en Karnak. 

 

Simbología

¿Qué representa, en la actualidad, Maat? Lo mismo que hace más de dos mil años:

  • Justicia
  • Orden
  • Verdad

Y, ¿qué representa la pluma de avestruz en la cabeza de “la Divina Justicia” (Maat)? En lo tocante a la relación simbólica entre Maat y la pluma de avestruz, se ha establecido una visión que se ha hecho perdurar hasta nuestros días. Se quiere, más o menos, indicar a “la PERSONA que imparte justicia a todos por igual”, se le representaba con una pluma de avestruz, pues esta ave corredora tiene análogas (todas ellas) las plumas de sus alas; a la inversa que las restantes aves. Según esta exposición, las hipotéticas plumas de idéntico tamaño que se hallan en las alas del avestruz, infunden una correspondencia con los principios de Justicia, Orden y Verdad. De manera que, supuestamente, por su análoga extensión y uniforme distribución en las alas del ave, el antiguo egipcio advirtió en ellas la imagen (o idea) del equilibrio, de la armonía y de una ajustada mesura. Es decir: todo lo referente que alcanzaba a relacionarse con Maat. Como objetivo último de su principal funcionalidad, su pluma era representada en la “Sala de las Dos Verdades” o “Sala de la Pesada del Alma”; siendo, ésta, el contrapeso de la balanza donde se pesaba el corazón del extinto para determinar si había sido justo en la tierra y merecedor de una vida en el Más Allá. La mecánica era muy sencilla: en uno de los dos platillos se depositaba el corazón del difunto y en el otro la pluma de Maat. El resultado era concluyente: si el primero pesaba igual que la segunda, el fallecido lograba su estancia eterna en el Más Allá. Si no, Ammyt (ser zoomórfico de características hibridas) le devoraba su corazón; perdiendo su preciada condición de “inmortal”.

Tal vez eso propició que Maat, como “Hija de Ra”, fuese portadora de la pluma de esta ave en tanto que distintivo solar y emblema de la más elevada autoridad real. Es menester destacar que el Faraón, como depositario de la autoridad de los dioses (era Hijo de Ra y, por tanto, Horus reencarnado), ostentaba los atributos de “Toro” (“Fecundador de todo Egipto”), “Máximo Poder en las Dos Tierras” y “Juez Omnipotente”, ante sus súbditos; asistido imperturbablemente por Maat.

 

Santiago Peña

 

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sábado, 14 de noviembre de 2020

LA ESPIRITUALIDAD COMO LA ÚNICA REALIDAD DE LA PERSONA

  
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Después de miles de años deshojados, y de vidas ya olvidadas, las cosechas (inexorablemente) se repiten.  Cualquier acontecimiento ya es pasado y todo se sucede en un nuevo comienzo. Antiguo y nuevo, todo lo mismo.

El mundo real es hálito de vida y nada más. Todos los acontecimientos sucedidos son restos de una realidad cercana o lejana ¡lo mismo da! La realidad es espíritu y los cuerpos en descomposición son nutrientes de nuevas vidas. Lo inferior se nutre de lo superior y lo superior de lo inferior. Nos alimentamos y se alimentan.

El conjunto de vidas, en toda la escala evolutiva (dentro del universo conocido), es una simbiosis harmónicamente cuasi perfecta, pero con una fecha ineludible de caducidad.

Toda batería energética -por ejemplo, nuestro Sol- tiene un término y ese es el trágico destino de lo que llamamos vida. En algún momento indeterminado todo habrá acabado y con ello todo rastro de existencias en nuestra desamparada Tierra habrá concluido.

La ciencia moderna nos dice que los pensamientos y los recuerdos (teóricamente, de procedencia humana) son miles de millones de interconexiones neuronales activadas recíprocamente mediante estímulos bioeléctricos y ¿eso es todo? La conclusión es muy descorazonadora: ¡somos baterías eléctricas! Claro está, según una ciencia desnaturalizada e impersonal. ¡Por supuesto que no somos baterías! ¡Y, menos, pilas de usar y tirar!

 

La espiritualidad como fundamento metafísico de la PERSONA; La espiritualidad como genuino motor de la humanidad
 
¿Por qué somos PERSONAS? El Espíritu es la fuerza; es el impulso vital que nos inspira, y azuza, para poder alcanzar metas superiores. La búsqueda de la Verdad es la Clave de Bóveda del devenir humano; del auténtico Ser. Del Ser en mayúsculas. Del Ser en todo su esplendor y en toda su dimensión. Del verdadero portador de la Luz -No olvidemos que, todos, somos potenciales portadores de la Luz-. El comportamiento, el recto proceder, es la prueba irrefutable del buen camino para, al fin (en nuestro seguro final), encontrarnos con nosotros mismos y, en un juicio unipersonal, abracemos (abracémonos) a nuestra propia faz; a nuestra propia Realidad.

Toda empresa, y todo comienzo, es fruto de un impulso interior individual, o colectivo, pero, al unísono, propulsión hacia una deseada, y bienvenida, conquista del Bien Común. Único universal destino, aparte del programado fin de nuestros días, para, así, dar sentido transcendente al actual sinsentido de nuestras falsarias vidas.

Debemos de conquistar la Verdad. La auténtica Veracidad de nuestras existencias. El Espíritu como motor, y garante, de una fuerza intangible y sutil. La PERSONA es Espíritu como Unidad y es Alma en su Integridad.

En cambio, somos seguidores de desviados caminos; somos discípulos potencialmente honestos, pero castrados de nuestra fuerza vital. Como atributo somos Almas, somos unidades transcendentes y somos guerreros cegados por una ilusoria (y corruptible) luminosidad. Somos angustia y somos entelequia. Somos incompletos, somos Almas solitarias y somos la imperfección del Ser.

Obra de todo ello, es necesario recuperar el Espíritu, el Espíritu Universal, que deberá de dar sentido a toda la Humanidad. Ante esta amalgama de desvaríos, seamos eremitas de la ingratitud; seamos ermitaños de la laxitud; seamos misántropos de la opacidad. Seamos conquistadores de fuego purificador; seamos instigadores de alud de aguas emergentes; seamos hacedores de una catarsis sin fin en diluvio universal y de imaginarios paradigmas en un extenuante fulgor...

Seamos Almas insertadas en el reino natural y seamos Espíritus en el más allá

 

Santiago Peña

 

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