lunes, 23 de abril de 2012

EL HOMBRE COMO HACEDOR DE REALIDADES, MUNDOS Y DEIDADES - DESDE UNA VISIÓN ESTRICTAMENTE ANTROPOLÓGICA ¿POR QUÉ EXISTE DIOS? / 2

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La transcendencia de nuestro espíritu va más allá de (nuestro) Dios (interior)

Reflexión (razonamiento), fantasía (imaginación) y fe (creencia). Por el simple hecho de razonar, imaginar o creer en su posible existencia ¡lo que se halle! ya se la estamos otorgando.

Es decir que, si a través de una pura reflexión, de una iluminada imaginación (también llamada: revelación divina) o de un verdadero acto de fe, me planteo la posible existencia de Dios, en gran medida, ya se la estoy concediendo… ¿Por lo que, si pienso, imagino o creo en Él, quién me puede refutar su existencia?

Tomando como base una visión estrictamente antropológica, si nos planteamos que Dios es un puro concepto o reflexión sin ninguna realidad inmutable fuera del pensamiento humano, lo estamos situando por debajo de nuestra capacidad creadora de infinitas realidades.

Por lo tanto, la existencia de Dios es:

A)   Un puro acto de razonamiento, para muchos.
B)   Una imaginación desbordante, para otro importante grupo.
Y
C)   Un íntegro acto de fe, para otros tantos.

Si doy por hecho que existe, existirá. En cambio, si discuto su existencia o simplemente asevero que no existe, para muchos seguirá existiendo, porque por el simple hecho de cuestionarlo (en la duda) estoy reconociendo su propia existencia. En cambio, dejará de existir en el momento que nadie piense en Él. No obstante, en el preciso momento que cualquier ente pensante esboce nuevamente su existencia, existirá. Si es de índole reflexiva, se dirá que es racional; en caso contrario, si es irreflexiva, se entenderá como un acto de fe o como una más que evidente “revelación”.


Dios como clave coercitiva de la Libertad de la PERSONA.

El miedo a lo desconocido, como más significativo, “genera” por parte del hombre (y del colectivo) un ente espiritual  todo poderoso, que todo lo sabe, que todo lo entiende, que todo lo juzga,… A partir  de ese preciso instante pasamos de ser seres “indefensos”, pero libres, para pasar a ser individuos “protegidos” pero subyugados: “Yo me someto a un ente superior; pero, a cambio, me siento preservado”.
  
El pensamiento del hombre (al ser consciente de su existencia, de la soledad que nos infunde la inmensidad del universo, de tener miedo de su propia libertad, de causarle pavor el final de sus días y, lo más paradójico, de su infinito potencial) concibió la figura del Ser superior como a un “Padre” protector y, a la vez, castrador de su independencia.

En el momento que nos encomendamos a (nuestro) Dios (interior) dejamos de ser dueños de nuestro destino, perdemos nuestro libre albedrio y reglas morales interesadas se entretejen para dar sentido al acomodaticio engendro existencial; otros (“mejor preparados”) interceden ante el Señor para tranquilidad del resto de los vulgares… y así “vivamos todos mejor”.


¿Cómo es el Universo realmente; cómo lo percibimos y  cómo lo interpretamos?

Si, en mi potestad y en mi infinita potencialidad, me considero un fiel intérprete del Universo por haber alcanzado unas altas cotas de maduración intelectual/espiritual (porque todo lo entiendo, todo lo acepto, todo lo conozco, todo lo abarco, todo lo puedo,…) la figura de Dios es irrelevante.

El Universo que cada uno de nosotros (subjetivamente) conocemos, y en el que nos desenvolvemos, es uno de tantos de los infinitos universos que existen; por lo tanto no es el único ni, consecuentemente, el verdadero. Este Universo antropomórfico es “nuestro Universo”, porque así lo percibimos y así lo interpretamos.   

De igual manera, Dios es “nuestro Dios”, porque así lo percibimos y así lo interpretamos. Como seres virtualmente capaces de crear mundos perfectos e infinitos, a partir de nuestra manifiesta imperfección e incluyendo (o no) el concepto de Dios, nuestra transcendencia se sitúa a un nivel marcadamente superior al de la deidad expresamente recreada… Por supuesto, ante esta aparente paradójica situación, niego la mayor (“Dios creó al hombre”) y  afirmo con rotundidad: “El hombre creo a Dios”.

Partiendo de este principio metafísico transcendente, el contenido jamás podrá ser (u ocupar) la totalidad del continente; toda reflexión, toda imaginación (revelación), toda fe, vendrá determinada por la capacidad cognitiva (o fuerza de espíritu) de la PERSONA en sí.

Antes que cuerpo (materia física limitada) somos espíritu. Si fuésemos capaces de despojarnos de los límites temporales y físicos de nuestro envoltorio corruptible, y que determinan al Ser supremo que todos llevamos dentro, seríamos Dios. Por lo tanto, Dios (como proyección, encarnación y representación infinita del hombre) será infinito en todos sus atributos. Con esas mismas propiedades que el hombre “le ha otorgado” (no tiene principio ni fin, es todo espíritu, todo lo sabe, todo lo puede, todo lo ve, todo lo juzga,...) automáticamente se le “libera” de las restricciones propias del género humano, como es el de la finitud, y se le sitúa por encima de consideraciones morales, como el principio del bien y del mal, y de todo el resto de limitaciones inherentes a la condición humana.

Es posible que los teístas cuestionen radicalmente mis reflexiones por ser aparentemente contradictorias: de la imperfección de la PERSONA no puede surgir la perfección de la DIVINIDAD.

A partir de aquí (y según las dos grandes escuelas filosóficas que tratan sobre el concepto de Dios como ser único, cósmico e inmanente), se dirá:

A)  Según el panteísmo, tanto la naturaleza como la totalidad del Universo es Dios; en consecuencia estoy demostrando su propia existencia.
Y
B)  Según el monismo, desde lo material, el universo es uno; desde lo espiritual, todo es pensamiento, todo es conciencia y de igual manera a Dios se le representa por la unidad.            


La PERSONA es fruto, y un elemento más, del Universo conocido; a todo ello, y en una cuasi perfecta armonía, lo llamaremos COSMOS. En tanto en cuanto, COSMOS es un todo, es la unidad y el infinito. La PERSONA, en su esencia, es limitada e imperfecta, pero no en su capacidad infinita de abstracción; nuestro pensamiento es infinito, excelso, sublime, perfecto…

La humanidad, en su evolución constante (a pesar de los vaivenes retrógrados y persistentes), debe, y deberá, tender hacia la perfección; razón última de nuestro ajetreado destino existencial.

En síntesis: todas las filosofías, teologías y cosmologías existentes (de las que nos hemos servido a lo largo de estas cien últimas centurias,  para así poder interpretar el origen y evolución del universo, como de igual modo, el porqué, de la existencia de Dios) han sido íntegramente concebidas e interpretadas por la mente del hombre, auténtico arquitecto del Universo y hacedor de Dios.

Como complemento a este artículo recomiendo las siguientes lecturas, también, del propio autor:

DESDE UNA VISIÓN ESTRICTAMENTE ANTROPOLÓGICA ¿POR QUÉ EXISTE DIOS?

 

 

Santiago Peña


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martes, 10 de abril de 2012

SOBRE LA CONCIENCIACIÓN (CONCLUSIÓN)

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No te arrepientas de lo que hayas hecho, pero sí de lo que hayas dicho y/o no hecho.

Somos lo que hacemos y no por lo que decimos o no lleguemos a realizar. Consecuentemente, no me puedo negar a mi mismo por lo que soy y he hecho. La realidad la creamos y conformarnos nosotros mismos. De nada sirve, y es de actitud cobarde, quejarse de los demás, de la sociedad, de la situación económica, de los empresarios, de los trabajadores, de los autónomos, de los clientes, de los proveedores, de los docentes, de los alumnos, de los funcionarios,…etc.

El cobarde no tiene cabida en este mundo; los suicidas no merecen vivir, por lo tanto cumplen con su “merecimiento”, con su designio...

La vida es lucha; no ha habido paz, ni la habrá, en el origen de la vida ni en el transcurso de la misma…

Todos somos Leonardo, Jung, Teresa de Calcuta, Heimdall,… Einstein, Tutmosis III, Dalí, Pascal,… etc. Por consiguiente, todos somos libertadores, conquistadores, creadores y luchadores de nuestro universo; tan imperfecto como seamos nosotros y tan maravilloso como aspiremos a serlo. Somos responsables de este mundo que no nos gusta; a unos más, a otros menos… ¿Pero, qué hacemos para transformarlo, para cambiarlo, para renovarlo?... ¿Poco?... ¡¡¡Nada!!!          
  
Soy el que soy” y nada, ni nadie, mudará mi identidad, mi esencia… ¡¡Nadie!!

¡Bueno!… es una verdad a medias… ¿Entonces, quién? Yo mismo; dentro de mi esencia inmutable, infinita y excelsa (que para nada cambiará), la evolución, la transformación (muerte y resurrección) forman parte de nuestro aprendizaje continuo. Nuestras formas de actuar deben de “volver” la hoja; “renovarse o morir”, dice el dicho popular.  

Como vienen exponiendo todas las corrientes y/o escuelas filosófico-religiosas de carácter universalista “el universo está en nosotros” y “todos somos uno”. ¿Si yo (todos nosotros) poseo la totalidad del universo en mi interior, quien me impide el cambiarlo? ¡¡Yo!!

Una vez más somos el problema pero, a la vez, la solución.


El análisis crítico, positivista y activo como herramienta del cambio

¿Qué cosas o acontecimientos son los que no debemos aceptar ni aceptarnos?

El lamento, el apiadarnos de nosotros mismos, el conformismo, el llanto, la abulia, la pasividad, el desánimo… Seguimos comportándonos como “durmientes moribundos”.

¡Ciegos, sordos y mudos; bellos eunucos!
¡Castrados sin conciencia, autómatas divinos!
¡Dioses sin dios y materia sin espíritu!
¡No soy de este mundo; de este mundo no!
¡Altas torres de la envidia y la sinrazón!

¿Entonces cual es, o debería de ser, nuestro objetivo en la vida? 

Somos vida, somos lucha, somos dadores y generadores de vida; somos constructores, guerreros y hacedores de teóricos mundos perfectos…

Por todo ello, somos dueños de este mundo y de todos los posibles infinitos mundos que podamos albergar en nuestra mente… Somos magos, caminantes perpetuos, siempre aprendices y menos maestros.

La magia de nuestro espíritu es nuestra propia voluntad: firme, férrea, consistente, inmutable, eterna,…

Somos eternos; somos nuestros padres y somos nuestros hijos…

Somos el faro que guía nuestro camino; somos el arquero que dispara la flecha con ímpetu y con el objetivo perfectamente definido; somos la fuerza que nos induce a revelarnos de nuestro aciago sino; y somos la luz que da brillo y esplendor a nuestro destino.

No podemos, por más tiempo, seguir permitiéndonos el lujo de confiar en gobiernos e instituciones (religiosas, públicas o privadas) nuestras existencias. “Papá Estado” no existe, no ha existido, ni existirá… ¡nunca!

Solo podemos y debemos confiar en nosotros mismos; no confíes en el  vecino, en el maestro, en el alumno, en el trabajador, en el capataz, en el médico…

Confiemos en la PERSONA; en nuestra voluntad de ser, de ejercer, de prosperar, de vivir, de amar, de conocer, de impulsar, de HACER,…
  

¡Sí se puede hacer!

En ello radica nuestra existencia, nuestro futuro, nuestra continuidad… Debemos evolucionar para seguir siendo; debemos perfeccionarnos, auto exigirnos…

Primero: exígete a ti mismo y después a los otros.
Segundo: empuja y no esperes que los demás hagan lo mismo.
Tercero: sigue empujando.
Cuarto: ¿te he dicho que pares?
Y quinto: ¡jamás dejes de empujar!

¡Los guerreros mueren!
¡Guerreros son!
¡Moriré guerreando!
¡Luchador de la vida soy!


Santiago Peña


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domingo, 18 de diciembre de 2011

SOBRE LA OFENSA Y EL PERDÓN


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“Las PERSONAS somos seres imperfectos; la debilidad es inherente a la condición humana”.

¿Qué se entiende por Ofensa (acción y efecto de ofender)?

Según la definición más común y extendida viene a decir: “Humillar o herir el amor propio o la dignidad de alguien, o ponerlo en evidencia con palabras o con hechos”. (R.A.E.)

La propia definición, en sí, parte de un planteamiento viciado o subjetivista, me explico: se siente herido o humillado el que supuestamente a recibido la ofensa… ¿Quién decide o dictamina que los hechos acaecidos o palabras vertidas son motivo de ofensa?... ¿El ofensor o el ofendido?...En estos casos tendría que haber una tercera PERSONA o instancia jurisdiccional para juzgar quien de las dos partes tiene la razón… 

¡Bueno!, partamos del supuesto que sí se ha podido producir esa teórica humillación…y, ¡para más inri!, quedando dentro del entorno privado de las dos PERSONAS implicadas en la más que delicada situación. 

Por lo tanto, centrémonos en el caso hipotético de un perjuicio causado por uno de los amigos hacia el otro; la AMISTAD tendría que salvaguardar las disputa pero acaba siendo, una vez más lamentablemente, la gran perjudicada: el fin de la misma. 

Habiéndose materializado la ruptura, de la misma, se puede optar por:

-Se da por finiquitada la AMISTAD, por ambas partes, y sin ningún tipo de replanteamiento a la hora de querer recuperarla; no hay voluntad explícita, ni implícita (dejar pasar el tiempo), de restablecer la relaciones interpersonales. 

-O, por el contrario, la loable posibilidad de reconstruir los puentes perdidos, mediante la acción del acercamiento por una de las partes; casi siempre por parte del supuesto “agresor”, mediante la solicitud de clemencia o perdón y la consecuente espera a la respuesta por parte del supuesto agraviado. En esta segunda posibilidad siempre tendremos que contar con la “colaboración” del susodicho agraviado. En caso de negativa, huelga decir que el esfuerzo por parte del interesado de querer recuperar la AMISTAD dilapidada, se acaba convirtiendo en una pérdida de tiempo y en una más que evidente frustración.


¿Qué se entiende por perdón?

Perdón, acción de perdonar, que, a su vez, proviene de las voces latinas per + donāre (dar, regalar).

Por lo tanto: perdonar consiste, en esencia, en que el indulgente, que aprecia haber padecido un ultraje, resuelve, bien a petición del agraviador o abiertamente, no sentir rencor hacia el ofensor o hacer concluir su irritación o cólera contra el mismo, desistiendo eventualmente a requerir una condena o redención, y optando por no tener en cuenta el escarnio en el futuro, de forma que las relaciones entre agraviador perdonado y agraviado perdonante no resulten afectadas.


Mecanismos del perdón

La labor de absolver comporta la existencia de los subsecuentes escenarios o sucesos:

a) Presencia de un perjuicio de cualquier tipo.
b) Ser consciente (o sabedor) de la ofensa por el ofendido, por la "confesión" del propio ofensor o por otros medios.
c) El mancillado por el insulto se siente insultado.
d) Se altera gravemente el talante del agredido hacia el agresor (rencor, inquina, odio y una clara intención de ignorarlo, procurándole el vacío más absoluto,…etc.).
e) Posible conocimiento por parte del ofensor de la afectación de las relaciones entre ofensor y ofendido.
f) Posiblemente el ofensor siente y/o manifiesta su vergüenza y/o arrepentimiento.
g) Posiblemente el ofensor asume su culpa y/o solicita el perdón.
h) El humillado otorga la indulgencia, plena o parcial, condicional o no.
i) Y, por último, se restaura de una forma más o menos completa, o parcial, las relaciones entre ofendido y ofensor.

La indulgencia no debe confundirse con el olvido del ultraje recibido. Quien la olvida no absuelve, pues no se ampara en una decisión de absolución. Nada tiene que perdonar quien no se siente ofendido por lo que otras PERSONAS considerarían una ofensa.

Toda acción de perdonar se contempla, principalmente, desde bases o pensamientos religioso-moralizantes. En la base de las principales religiones universales se recomienda encarecidamente el perdón:

1) Perdona a tus semejantes.
2) Solicitar clemencia por los perjuicios a los demás.
3) E implorar la indulgencia divina de los pecados, tan qué no, apreciar resentimiento por los castigos o designios divinos, eventualmente crueles o incomprensibles para los humanos.


Desde una visión cristiana

El Dios clemente está presente, y perdonarse los unos a los otros se considera un imperativo moral, pues el perdón a quienes nos ofenden y nos odian es uno de los mayores ejemplos de amor al prójimo.

“Perdónanos nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a nuestros ofensores. Y no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal... Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará a vosotros”. (Mateo 6:12-14)

“El amor tiene paciencia y es bondadoso. El amor no es celoso. El amor no es ostentoso, ni se hace arrogante. No es indecoroso, ni busca lo suyo propio. No se irrita, ni lleva cuentas del mal”. (1 Corintios 13:4-5)


Desde una perspectiva del Islam


El Islam dicta que Dios (Alah) es "el misericordioso", y principio original de todo perdón. El perdón usualmente exhorta a la contrición de quienes han de ser perdonados. Obedeciendo al tipo de error cometido, el perdón puede emanar simplemente de Dios, o del ofendido. En el supuesto de la indulgencia divina, la petición de tal indulgencia y el arrepentimiento es relevante; en el caso del perdón humano, es importante tanto perdonar como ser perdonado.


Desde una óptica Budista

El Budismo, como toda gran religión universalista y filosofía de vida, el perdón se forja como una experiencia para advertir tendencias dañinas que puedan trastornar nuestra felicidad mental.

El budismo asume que el conjunto de impresiones emocionales de odio y rencor dejan un efecto duradero en nuestro karma (destino del futuro, según la trayectoria vital en el pasado). De hecho, el budismo abre caminos de pensamiento positivo en su proceder con el fin obtener un estado de bienestar cuasi perfecto.

"En la contemplación de la ley kármica somos conscientes de que no hay razón para buscar venganza pero practicando el metta y el perdón, puesto que el agresor es, realmente, el más desafortunado de todos"

Cuando brota el odio, el enfoque budista asume un proceder sereno hacia su exculpación escudriñando el origen desde su génesis, este se centra en la cancelación de la amargura y la “estafa”, a través de la meditación adoptando con ella sentido de su naturaleza. El Budismo no asume por entero la realidad de las exaltaciones que hacen posible el perdón y los objetos de esas exaltaciones.


"Si no perdonamos, continuamos creando una identidad alrededor de nuestro dolor, y esta es la que renace continuamente, ésta es la que sufre."


Como complemento a este artículo recomiendo las siguientes lecturas, también, del propio autor:

SOBRE LA AMISTAD

SOBRE LA ÉTICA

SOBRE LA NOBLEZA DE ESPÍRITU

SOBRE LA HONESTIDAD

SOBRE LA INCOHERENCIA DEL HOMBRE RESPECTO A SI MISMO (SU IMAGEN VS SU REALIDAD), O COMO (NO) HACER PARA QUE EL ESPEJO NOS SIGA ENGAÑANDO



“La grandeza humana de la PERSONA ofendida se demuestra perdonando al que le causó la ofensa”.


Santiago Peña


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viernes, 9 de diciembre de 2011

SOBRE LA OBTENCIÓN DE LA VERDAD A TRAVÉS DEL PROPIO PENSAMIENTO Y DE LA CONVICCIÓN


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El alegato de una creencia como indiscutible sería un conocimiento evidente.

La evidencia se podría definir como un juicio que surge intuitivamente de tal cualidad que podemos aseverar la validez de su contenido, como verídico, con convicción y sin vacilación.

A partir de estas dos definiciones del problema, como introducción a la cuestión en sí, diferencío, taxativamente, dos tipos de “verdades”; las dos generadas por mentes pensantes pero con dos ópticas, en sus génesis, diametralmente opuestas. Paso a exponer los dos enunciados:

-Una verdad alcanzada, siendo razonada mediante la lógica y contrastada a través de los hechos.

-Otra verdad obtenida, simplemente, a través de la fe y de la convicción en uno mismo.

¿CUÁL DE LAS DOS DEBERÍA SER MÁS VERDADERA RESPECTO DE LA OTRA?

Nota: Para que no haya dudas, sobre la segunda “verdad”, descartaremos la fe dogmática (basada en una religión o en la opinión de una tercera persona) y partiremos de una base ética total.


Santiago Peña 


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domingo, 4 de diciembre de 2011

SOBRE LA AMISTAD


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 No podemos exigir la perfección en los demás cuando uno carece de ella

El rasgo distintivo de la PERSONA es su humanidad. Somos imperfectos porque somos humanos; somos humanos gracias a nuestra imperfección. El pretender proyectar nuestras frustraciones, como seres imperfectos, hacia el otro y cuando no hace o dice lo que “se le exige” de él decimos, o pensamos, que no es “digno” de nuestra AMISTAD. En la cuneta de las carreteras están llenas de amistades frustradas y abortadas...

¡Estoy cansado de dejar bellas AMISTADES por el camino! ¿no será que la AMISTAD te ha abandonado a ti? Los árboles, para que nos brinden hermosos y exquisitos frutos, es preciso: cuidarlos, podarlos, abonarlos, mimarlos, amarlos… La AMISTAD es exactamente igual. 


Siempre lo he manifestado y lo mantengo: en esta vida lo importante no es tal o cual PERSONA (como elemento social único), si no la AMISTAD que podamos compartir con ella.



¿Qué es la AMISTAD?


“Es un afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato” (DRAE).


La AMISTAD (del latín amicus; amigo, que deriva de amore, amar) es una conexión de apego entre dos o más PERSONAS. La AMISTAD es una de las relaciones interpersonales más frecuentes que la mayoría de los individuos poseen a lo largo de toda su trayectoria vital.

La AMISTAD se da en diferentes niveles de la vida y en heterogéneos grados de categorías y consecuencias. La AMISTAD brota espontáneamente cuando las PERSONAS hayan inquietudes comunes, aficiones, pensamientos… Hay AMISTADES que germinan a los pocos minutos de interaccionar y otras que tardan años en materializarse. La AMISTAD VERDADERA será para toda la vida; me atrevería a aseverar, incluso, que va más allá del final de la existencia de una de las partes. El recuerdo imperecedero es el resultado.

La AMISTAD, junto con la imperfección intrínseca del ser humano, es el hecho fundamental que hace a la PERSONA un ser social. Si no hay, como mínimo, dos seres que compartan una AMISTAD, por si misma, no tiene razón de existir.

Habría que hacer una observación que, en la mayoría de las veces, nos olvidamos: Nuestro primer gran amigo somos nosotros mismos. Si no sabes amarte, difícil lo tendrás para poder amar a los demás (AMARE = AMISTAD).


La AMISTAD significa o implica:

-Aceptar al otro como es; no buscar cambiarlo. Si fuese preciso, adaptémonos nosotros a él ¡eso sí! sin renunciar a nuestra esencia.

-Solidaridad; ayuda desinteresada. “Hoy por ti, mañana por mí”. 

-No exijas al otro de lo que tú careces.

-Ayudarlo (acompañarlo) en el camino para su perfección como PERSONA.

-Paciencia infinita.

-Comprensión hasta la extenuación.

-Procúrale la mayor felicidad posible sin esperar nada a cambio; tu felicidad se halla en su felicidad.

-Siempre escúchale; no interrumpas su ritmo de expresividad. No sabemos escuchar; la mayoría de las AMISTADES se arruinan por nuestra incapacidad manifiesta en no “querer escuchar”. Los monólogos no llevan a ningún camino y el fracaso está garantizado.

-Empatía; intenta entender su reacción ante situaciones no esperadas. Analízalas porque se han producido, no sea que tú seas el principal causante de la misma. Si la procedencia fuese ajena a la AMISTAD, vuélcate en ayudarlo -¡SIEMPRE!- Te lo agradecerá; vale la pena.

-La comunicación debe fluir en ambos sentidos; canales totalmente abiertos y sin restricciones. Ante una posible situación de saturación, en la comunicación, no insistas; permítele momentos para la reflexión y, si fuese preciso, debes dejar que se equivoque. Más vale una AMISTAD que ha errado, que una AMISTAD censurada. En este caso nunca llegará a saber si se habría equivocado o no. 

-Confianza plena, total; no servilismo.

-En la autonomía se haya la verdadera AMISTAD. Salvaguardar áreas y ciertos momentos de un aparente distanciamiento no significa renunciar ella, sino todo lo contrario: preservarla. Somos individualidades; los espacios se deben respetar.

-La AMISTAD debe prevalecer por encima de egoísmos y particularidades.

-Respeta sus opiniones y su voluntad; no pretendas censurarle ni restringir su libertad. No intentes imponer tus criterios; estás despreciando los suyos.


“La imperfección de la PERSONA dignifica su humanidad”


Santiago Peña


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martes, 1 de noviembre de 2011

SOBRE LA CONCIENCIACIÓN (A MODO DE SINTESIS)


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Lo primero de todo, este post pretende ser un corolario, un resumen de lo que ha pretendido y pretende seguir siendo “PERSONAS”: un dinamizador de conciencias y faro para la renovación de Valores y Regeneración de la PERSONA.

Segundo, y último, no pretendo que acabe siendo un manifiesto de nada.


¿Qué significa Concienciación?

Si nos atenemos a la definición de lo que encarna el vocablo concienciar: hacer que alguien sea consciente de algo” (RAE). Nos viene a decir, más o menos: tomar conciencia o ser consciente de la situación que estamos viviendo y…

¿Seguimos cruzados de brazos, viendo como el mundo (la sociedad/civilización) se desmorona?

Esta sociedad globalizada (todo el orbe) ha tocado a su fin. Todas las lecturas marcan una clara tendencia al colapso (parada brusca sistémica) o, en el mejor de los casos posibles, una evolución hacia algo que no sabemos lo que es…

Todo, en esta vida, tiene un porqué. En estos momentos de incertidumbre y crisis, con una más que preocupante tendencia al fracaso (crisis que no ha prosperado) y provocada por una falta de Valores (corrupción generalizada, relativismo moral, cultura del pelotazo y obtención de dinero fácil a través de medios no muy recomendables), ha sobrevenido en una evidente herida existencial de carácter universal.

A partir de este desolador panorama te planteas muchas cosas, como la clara escisión que se produjo hace más de 2.000 años entre Ciencia y Espiritualidad: dos aspectos de una misma realidad.

Para el hombre precientíficó, el Cosmos era Todo Uno. Con el advenimiento de la Filosofía aristotélica, la Ciencia (Lógica, Matemáticas, Física y otras ciencias, hijas de las anteriores) se la dota del estatus de verdadero canal del conocimiento y único representante de cómo interpretar el Universo. La Espiritualidad se la relega como base para potenciar el hecho religioso a través de un sinfín de religiones, tantas como personas; el Hombre como animal religioso. La Mujer (como madre y representante legítima de la Madre Tierra) pierde el sagrado manto de la autoridad moral y se le confina a la condición de esposa y servidora; se pierde el nexo (no del todo) entre la Madre Tierra y su hija. La mujer es reconvertida (y confirmada por la religión oficial de turno) en "madre de” pero, en "autoridad de nada”.

La PERSONA es mente (razón) y espíritu (Alma). La razón, repito, nos dota de la lógica, el sentido común y los métodos de análisis científico para entender el mundo, pero,… ¡en parte! ¿Qué nos falta; de que carecemos? De la espiritualidad de la que renunciamos, pero,… ¡si la tenemos!... ¡Es verdad!...a medias ¿Está en igualdad de condiciones, que la ciencia, en nuestra vida social, profesional y académica? ¡No! Está estrictamente desterrada a entornos religiosos, movimientos esotéricos, corrientes paracientíficas y sectas de iluminados.

La reunificación de la razón, más la espiritualidad que todos, ¡todos!, llevamos dentro de nuestro ser, nos aportará el equilibrio y la armonía de la que actualmente no disfrutamos. Esta recombinación pendiente, junto con una recuperación de los Valores perdidos, nos situará en una nueva etapa evolutiva para poder afrontar los nuevos retos en los que ya estamos embarcados y, muchos de nosotros, ni nos hemos enterado (Durmientes Moribundos).


La PERSONA como eje de la civilización/sociedad

La sociedad está formada por individuos, por lo que, si queremos mejorar (o cambiar) la sociedad/civilización tendremos que mejorar a la PERSONA.

Primera premisa: tenemos que volver a confiar en la PERSONA y no en la sociedad.

Segunda premisa: la sociedad no evoluciona, evoluciona la PERSONA.

Tercera premisa: la recuperación/regeneración de la PERSONA como base fundamental para poder regenerar a la sociedad.

Y cuarta premisa: ¿tenemos la forma, el método para poder aplicar la tercera premisa?

La base primera de este conjunto de títulos deriva del artículo ¿ES PRIORITARIO RECUPERAR LOS VALORES? ¿SON NECESARIOS PARA LA REGENERACIÓN DE LA SOCIEDAD ACTUAL? La génesis de este artículo es anterior a la fecha de publicación del mismo en “PERSONAS – NUEVOS HORIZONTES” y fue fruto de un conjunto de aportaciones que hice en una red social de carácter profesional, en la que sigo participando de una forma más o menos esporádica. En el mencionado artículo esbozo a grandes rasgos puntos clave para la correcta recuperación de los valores perdidos.



Reforma del Sistema Educativo

Considero prioritario un Sistema Educativo de carácter universal (al igual que la salud) en que la calidad prime sobre la cantidad. Me explico:

1) Metodología pedagógica inspirada en el Humanismo Renacentista. Los estudiantes, desde primaria hasta los estudios medios-superiores, recibirán una formación integral en las que las asignaturas humanísticas (Filosofía, Ética, Moral, Historia de las Religiones, Historia Universal, Mitología,…etc.) gozarán de un peso específico acorde a su vital importancia y en igualdad de condiciones respecto a las asignaturas comunes o propias de la carrera o formación profesional (tenológicas, por ejemplo) que el alumno esté cursando.

2) Cultura del esfuerzo, sobre la simple presencia.

Y

3) Se recuperarán las asignaturas que potencien la espiritualidad de la PERSONA (Música, Pintura, Teatro, Poesía,…etc.) y que jamás deberían haber sido expulsadas del Sistema Educativo.


Reforma de los sistemas políticos

Las ideologías políticas, tal como las conocemos, no tienen ningún sentido; el mundo dividido entre derechas e izquierdas es una rémora del pasado para los nuevos tiempos que ya hemos empezado a caminar. La cultura del enfrentamiento entre clases sociales ha dejado de tener su razón de existir.

Por lo que propongo verdaderas democracias participativas:

1) Participación transversal; las sociedades se deberán gobernar desde la transversalidad como forma de entroncar. Algunos partidos políticos empiezan a aplicarlo con evidente éxito (“me siento integrado y formo parte de algo”).

Y

2) Gobiernos en femenino; se deberá gobernar desde la feminidad. La visión holística del mundo pertenece a la mujer. Sus estructuras mentales están mejor preparadas para las nuevas formas de vivir sabiendo enlazar perfectamente espiritualidad, intuición y razón.

 
La Mujer como Ser Autosuficiente

Humildemente, considero que la mujer es la culminación de la evolución humana y puerta de entrada a nuevos niveles de conciencia y espiritualidad.


Yo, varón, un espermatozoide pensante

Los hombres estamos obligados a evolucionar o pasaremos a ser simples machos reproductores y, en el peor de los casos, ni eso; los niños probeta son un ejemplo muy a tener en cuenta. Hemos pasado a ser emocional-dependientes de ellas; no estamos preparados para vivir en soledad. Se nos otorgó “de por vida” la autoridad conquistada (en tiempos pretéritos) por la fuerza bruta y ratificada por la lógica de los poderes terrenales y “espirituales”.


La individualidad dentro del todo

La PERSONA como ser único e irrepetible, debe recuperar (en la cultura occidental) y/o conquistar (en las orientales) su individualidad dentro de la comunidad /sociedad. Su individualidad es su dignidad. Y, a la vez, somos TODO y somos UNO; lo que le ocurra a un niño del Yemen nos afecta; no somos conscientes de ello pero es una evidencia. El hilo invisible que nos une a todos nosotros así lo atestigua.


Conclusión:

La Filosofía occidental, creada y desarrollada por hombres (machos dominantes), ha pretendido justificar permanentemente la ruptura mente / espíritu, de modo que, el vacío existencial estaba asegurado. Siempre ha sido el hombre el que se ha sentido huérfano en el infinito espacio tiempo (conceptos inventados por el mismo y súmmum de la paradoja existencial), la Mujer nunca. Pensarlo por un momento. La "matrem familiae" ha tenido que saber a vivir en soledad por lo que no perdió el lazo que la unía, y la sigue uniendo, a Gaia (la Madre Tierra). A los hombres nos criaron y formaron (con la complicidad activa de nuestras madres) para ser conquistadores y violadores de voluntades y tierras. Las guerras son voluntades no ganadas, no bienvenidas y, por consiguiente, no aceptadas.

Las rupturas de pareja y la fase más brutal: la agresividad, por parte del macho (no me atrevo a decir ni hombre), hacia la mujer del que se ve perdedor y herido de muerte en sus planteamientos vitales, es una asignatura vergonzosa y vergonzante pendiente de resolver. Este tipo de individuos son una especie que se extingue pero, como bestias acosadas, “se defienden” de la única manera que saben: matando. Como colofón a su locura la mayoría deciden suicidarse porque su debilidad manifiesta así les obliga. La naturaleza, una vez más, reinstaura la armonía perdida. 

La mujer, como punta de lanza de la nueva sociedad que está llegando reclama, legítimamente, su posición en el nuevo mundo.

La evolución del hombre junto con la presencia de la nueva mujer (todas vosotras) acontecerá o acontecido en el Despertar del Durmiente; mujeres y hombres todos juntos porque todos somos semejantes pero, no iguales.


Santiago Peña


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