lunes, 11 de agosto de 2014

¿POR QUÉ EL ALMA ES LA BASE FUNDAMENTADORA DE NUESTRA LIBERTAD?



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¡Alma incorpórea, abarcando la totalidad!


Nos sentimos completamente libres cuando nuestras reflexiones se generan desde lo más profundo de nuestro ser. Pensamientos puros expandiéndose hacia el Infinito; pensamientos puros permaneciendo en la eternidad.

Somos conciencia de nuestra presencia en el universo; somos nuestra verdadera identidad… y somos la prístina esencia de nuestra unidad.

Nuestro deseo de Libertad es obra de nuestra individualidad.

Fruto de nuestra conciencia (pura) forjamos (nuestra) realidad. Solo, desde el ser, somos generadores de una “realidad libre” (transcendente) y, por lo tanto, verdadera.


Alma, principio rector de nuestros pensamientos

Los pensamientos son los principales instigadores de una búsqueda inquebrantable de independencia. Si no pensáramos no sabríamos en que consiste la Libertad; si verdaderamente existe, si ha existido o si, algún día, existirá.

El Alma es “señora” inherente de la Libertad; prueba de lo intangible, de lo inalterado, de lo eterno, de lo sublime y, en consecuencia, de la verdad.


Alma, principio vital de la PERSONA

El Alma, es memoria vital, renacida de un evento pretérito en su singularidad impar y, por ende, constituyendo la base de nuestro ser.

El Alma de la PERSONA es semejante al “Alma” del universo y contiene lo que el universo contiene. Como una gota de agua impactando en la inmensidad del mar.

El ser, en comunión directa con todo lo que le rodea, instituye la verdadera independencia del individuo a través de su propia intuición y de la observación directa de las leyes de la naturaleza. Es decir: cuando entramos en contacto con la naturaleza, haciendo uso de la intuición y de la observación, somos capaces de fusionarnos con la energía cósmica; fuente creadora de toda vida.

El Alma es la esencia pura del ser, es inicio y fin; pedestal primigenio de la existencia; es origen cósmico de la humanidad y es la máxima representación de la individualidad.

Es una aspiración hacia la Infinitud; sin posibilidad de abarcar lo absoluto. Y es… el ser en permanente unión con el Cosmos.

En definitiva: somos seres espirituales, sin saberlo… ni pretenderlo. Incansables buscadores del porqué de nuestras existencias… Somos autoconciencia. Por todo ello, el Alma, es el ente regente de nuestra conciencia y la base fundamentadora de nuestra Libertad.


Santiago Peña


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lunes, 9 de junio de 2014

SOBRE LA BELLEZA

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Veritas enim non tacebo



¿Qué es la Belleza; qué entendemos acerca de ella?


El término Belleza, en efecto, es ambiguo (de Espíritu, Estética, Literaria, Matemática, Natural, Mistérica, Musical,… etc.) y, como es obvio, generadora de múltiples definiciones. Luego, no nos limitaremos a copiarlas del D.R.A.E. si no que intentaremos ir un poco más allende.

Toda PERSONA, animal, planta o cosa (material o inmaterial), será Bella en el momento en que nos induzca una sensación agradable al Espíritu y, consecuentemente, atracción hacia la misma.

¿Qué marcador es el que nos alerta? La Armonía que, supuestamente, desprende y que, ante la misma (de una forma totalmente subjetiva), seamos capaces de captar, sintetizar y, en conclusión, valorar.

La Belleza es Armonía y fruto de la Creación (del Universo, de la Naturaleza y, como grandes “imitadores”,  de la PERSONA).

La tradición del término Bello se considera esotérica, porque emana del latín “bellus”, diminutivo de “bonus” (inicialmente “duonus”). Expresaba algo así como “bonitísimo” (la belleza decorada). Es interesante observar la conexión que existe entre Bondad (Bien) y Belleza (Bello). Pero, aún, es más sugestivo revelar que las dos provienen de la raíz aria “dheu”, "revelar", al igual que “Beato”, que expresa "feliz". Por todo ello, la vivencia estética, es una vivencia gozosa, causada por la visión de la Belleza.

La experiencia estética está estrechamente entroncada con el hecho religioso y la contemplación mística. Una de las manifestaciones de la divinidad es la refulgencia, o gloria, de su infinita presencia en forma de Luz. “Dios es la Luz”. El objeto contemplado (la divinidad) provoca al sujeto contemplador y lo encadena “lentamente”, llevándolo (“dejarse llevar”) a una sumisión, extremadamente, placentera del Alma

 

Espíritu, Forma y Proporción


Espíritu


La Belleza de Espíritu es las más pura, única y transcendente de las múltiples conocidas; surge, de nuestro interior más íntimo, en forma de Luz. Recomiendo redirigirse al artículo METAFÍSICA DE LA LUZ.

¿Es juicioso en reafirmar que la Belleza es una característica congénita a los seres humanos y, por lo tanto, a sus obras? Si en estos momentos, mientras que escribimos este artículo, nos estamos deleitando con una determinada pieza musical tendremos que admitir que, obviamente,  de la misma nace Belleza.

Pero no olvidemos que, esa experiencia vivencial, es fruto del conocimiento adquirido: tanto desde lo místico-religioso, como desde lo estético. Por lo que se entendería, razonablemente, que alguien con poca experiencia musical no percibiera lo mismo que un notable y versado musicólogo. Por lo tanto, podría ser perfectamente factible que al neófito, con una agudeza auditiva “normal”, se le “escapasen” matices, así, obteniendo una deficiente calidad y, por ende, una incompleta experiencia estética. No obstante, la propia sensibilidad innata podría, “más o menos”, compensar la manifiesta inferioridad debida a una innegable “falta de entrenamiento”.


Forma


Simetría, equilibrio, volumen… Es una Belleza aparente (vacía) y con fecha de caducidad. Se complementa con la Proporción y no aporta nada más.


Proporción - Sobre la RAZÓN ÁUREA


El Número Áureo, la Proporción Áurea o Divina Proporción, es la definición matemática de la Belleza en el Arte y en la Naturaleza.

La Proporción áurea nos permite relacionar la creación del género humano, en una Armonía poco más o menos que perfecta,  con la Naturaleza y, por ascendencia, con el COSMOS. La ley de la Proporcionalidad, en el marco de la creatividad humana, nos induce a una búsqueda y recuentro de la humanidad con los Arcanos Superiores de la Naturaleza. No hay relación más perfecta, entre el COSMOS y la PERSONA, que la Proporción Áurea.

(En un posterior artículo nos extenderemos, cumplidamente, acerca de este extraordinario guarismo matemático, también llamado, “Número Dorado”.)


En síntesis, y como norma, diremos que Armonía es: la correcta Proporción entre las distintas partes de un Todo y su consecuencia implicará, invariablemente,  Belleza.


Vibración, como la máxima expresión de Belleza


Cuando, a través de una experiencia sensorial extremadamente placentera, nos sintamos estremecer (vibremos) y que, a su vez,  el Alma transcienda al cuerpo, se podrá llegar a decir, sin lugar a dudas, que habremos alcanzado, en percibir, el zenit de la Belleza: La Vibración del Universo, y de nuestro Ser, será la misma; habremos entrado (armónicamente) en resonancia y Todo será Uno.

Todo, en el Universo, tiene su frecuencia de resonancia, ¡todo!

(Este punto es fundamental para poder entender que es la Belleza y el porqué de un infinito anhelo, fuera de todo entendimiento, de Amarla)

Somos unidades vibracionales, en permanente estado de emisión y recepción (y si no lo estamos, es que hemos… “transcendido”). Por lo que, indistintamente, atraemos y repelemos. En todo momento estamos emitiendo Belleza (no para todos), de igual manera que la recepcionamos. Somos obstinados buscadores de la Belleza pero, a la vez, somos depositarios de la misma.

Sí, en un momento dado de nuestras vidas, captásemos (de forma casi continua) fealdad en nuestro entorno más inmediato, es que estaremos emitiendo, invariablemente, la propia fealdad que creeremos percibir en los demás. Y, de la misma manera que hay un nexo entre Belleza y Bondad, también lo habrá entre fealdad y maldad (odio).        

Se Ama lo Bello porque es lo que nos complementa. A todo déficit concluye con una síntesis. La contemplación (visión, audición, captación, sensación,…) de una obra de arte, PERSONA, animal, planta u objeto (material y/o espiritual), que nos atraiga sobremanera, es la prueba de una inconmensurable ansia de comunión con la misma: es Alquimia; es la fusión de “los imperfectos” para, así, obtener “Lo Perfecto.


La imperfección es pluralidad; la Perfección es la Unidad.

La Belleza es imperfecta pero, en un deseo inherente de unión hacia la misma, la “hacemos” Perfecta.

Y siempre recordemos que, la Belleza, habita en nuestro interior.


Santiago Peña


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viernes, 18 de abril de 2014

ACERCA DE LA HUMILDAD


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Veritas enim non tacebo


¿Qué entendemos sobre esta excelsa, y parcamente reconocida, Virtud?

En esencia, como asentamiento y sostén del resto de Virtudes, nos indica que seamos conscientes de las limitaciones y flaquezas propias. Es decir: en “actuar en consecuencia”.

Sólo sé que no sé nada”. Sentencia (atribuida al Padre de la Filosofía Occidental, Sócrates) que sintetiza, magistralmente, esta infravalora Virtud, resume el “Alfa y Omega” de la Sabiduría.

“Conócete a ti mismo”. Esta máxima, determinante (que fue esculpida en el pórtico principal del templo de Apolo en Delfos, Grecia), nos induce a reconocernos” (conociéndonos en Verdad), comprendiéndonos y aceptándonos.

La antítesis de la Humildad es la soberbia, como sobrevaloración de uno mismo y el consabido desdén hacia los demás. Este bajo sentimiento, primitivo, y  anómalo, induce a clarificadores y ostentosos estados de desprecio (ignorancia contumaz del entorno), una clara deformación de la realidad, una más que evidente envidia hacia los semejantes y, por supuesto, a una nula autocrítica. La opacidad hacia un@ mism@ está garantizada y, por influjo, hacia todo lo que le rodea. Este prototipo de “personajillo” se comporta a modo de muro refractario; poseedor de “verdades” eternas e inviolables.     

Por contra, la satisfacción del “encuentro” con nosotros mismos, enaltece el Espíritu, invitándonos a una comunión sólida, e inquebrantable, con el género humano y, por ascendencia, con la Naturaleza.        

Por lo que, la Humildad, es el gran peldaño que nos permitirá poder alcanzar la Sapiencia. Las PERSONAS conocedoras de las Leyes del Cielo son depositarias de la Verdad.

Luz eterna, infinita Luz,
Alumbra nuestro caminar,
Buscadores constantes,
Caminantes incansables,
Albaceas de la Verdad.


Santiago Peña


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domingo, 13 de abril de 2014

CONOCIMIENTO vs SABIDURIA


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Veritas enim non tacebo

Una ignorancia reconocida, y enteramente crónica, nos hace ser buscadores impenitentes de un millar de conocimientos; sabedores de un inacabable final.

El indagador de Conocimiento no tiene porqué ser un sabio en ciernes: meramente es un buscador, un poseedor, un administrador, un gestor del mismo... pero... ¡nada más!

El sabio, que verdaderamente ha sido reconocido por los demás, escudriña  sentido a su propia existencia, por transcendencia, la de los demás y, como fin último, la totalidad del universo.

El Conocimiento ocupa un espacio inconmensurable e infinito en el tiempo.

La Sabiduría no es espacio, ni es tiempo. La PERSONA que está imbuida de Sapiencia busca acomodarse, lo más armónicamente posible, con el entorno. Es decir: entenderlo sin intentar cambiarlo. Y para ello se bastará, simplemente, de la Verdad.


Santiago Peña


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sábado, 15 de febrero de 2014

¿NOS ENCAMINAMOS HACIA SOCIEDADES DISTÓPICAS?


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Veritas enim non tacebo



Antes de nada, definamos que significa Utopía: Plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación (DRAE). En tanto en cuanto que, el concepto de Utopía, no debe admitirse, sólo, como algo puramente imaginario, sino como susceptible de ser llevado a la práctica.


Distopía como antítesis de Utopía


Distopía es el vocablo usualmente usado como antagónico al de Utopía y, aunque semejante a una sociedad hipotética diferente a la nuestra, lo hace con una concepción marcadamente nociva, o regresiva, para los intereses del género humano. La significación de Utopía vincula un colectivo, gobierno o propósito encomiástico, aunque quimérico; en una Distopía, por el contrario, la vieja frase de la ciencia ficción “esto es lo que podría ser” establece la visión fundamentadora de un mundo irremediablemente más negativo que el actual.

Los ejemplos de Distopías son, invariablemente, impresiones de sociedades futuras y contienen, normalmente, un fin pedagógico: el de revelar hacia donde se dirigen los pasos de la humanidad si el escenario no se enmienda, o regenera, de una forma contundente. En considerables situaciones, este fin didáctico, se obtiene a través de la sátira o la ironía. Los relatos de inspiración distópica iniciaron su andadura en las postrimerías del siglo XIX, y se han mantenido, invariablemente, hasta el presente. Los mismos nos hablan del temor, del temor al surgimiento de una comunidad tutelada por una élite dirigente que humilla a la PERSONA, de una u otra forma, y, por lo tanto a través de su mensaje, se rebelan contra los diversos sistemas políticos, económicos o sociales imperantes del momento: socialismo, comunismo, capitalismo, fascismo, feminismo, plutocracia, teocracia excluyente, antiecologismo,…etc.


Definición de Distopía


Originalmente, una Distopía (antiutopía o, también llamada, cacotopía), es una comunidad socio-política, con estructuras de estado, recreada –en teoría- artificialmente y aborrecible per se. Esta sociedad (o civilización) distópica acostumbra a ser introducida mediante una ficción literaria, artículo, poema, cómic, teatro o película.


Génesis del término


El significado de "Distopía" deriva del ámbito anglosajón. En cuanto a la etimología, la expresión se cimentó a partir del griego "Distopía" (dis-topía), es decir, del prefijo adverbial "dis" (mal) y del sustantivo "topos" (lugar). Este vocablo (que, a día de hoy, no está reconocido por la Real Academia Española)  germinó en la lúcida mente del filósofo y politólogo británico John Stuart Mill (Londres, 20 de mayo de 1806 — Aviñón, Francia, 8 de mayo de 1873), quien también empleaba el sinónimo (creado por Bentham) Cacotopía, del adjetivo "kakós" (malo), al mismo tiempo. Ambas palabras se basaron en el término Utopía, acuñado por el pensador, teólogo, político y humanista inglés Tomás Moro (Londres, 7 de febrero de 1478 – Ídem, 6 de julio de 1535) como ou-topía ("no-lugar"), es decir, “lugar que no existe”, normalmente descrito en términos de una sociedad perfecta o ideal. De ahí, entonces, se deriva Distopía, como una “utopía negativa”, donde la realidad transcurre en términos antitéticos a los de una sociedad perfecta. Comúnmente, las diferencias entre «Utopía» y «Distopía», dependen de la visión subjetivista del autor de la obra o, en algunos casos, de la percepción del propio lector (o espectador), que califique el contenido referido como estimable o inestimable.


Ejemplo de sociedades utópicas


A lo largo de la historia hay un número importante de novelas, y ensayos, que nos describen ciudades-estado “idílicas”. No obstante, destacaremos las tres, de época renacentista, que más huella han dejado en los “nuevos”, y casi periclitados, sistemas políticos de los siglos XIX y XX, respectivamente.

En primer lugar mencionaremos  “Dē Optimo Rēpūblicae Statu dēque Nova Insula Ūtopia” (en castellano, Libro Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía), del ya referenciado Tomás Moro, publicada en 1516 (o 1518). La obra se divide en dos piezas. La primera es un diálogo que se desarrolla (en esencia), sobre vertientes de carácter filosófico, económico y político en la Inglaterra coetánea al autor; la segunda es la parte narrativa, en sí, que, uno de los personajes del diálogo, realiza de la isla de Utopía. A fin de cuentas, trata de cómo una comunidad pacífica, que establece la propiedad común de los bienes (socialismo primigenio), en contraste con el sistema de propiedad privada y la relación conflictiva entre las sociedades europeas contemporáneas, o de la necesidad de cómo relacionar la filosofía y la política, de aquella época, para la máxima obtención del bien común.

En segundo término hablaremos de “La città del sole” (La ciudad del sol), del dominico italiano Fray Tommaso Campanella  (Stilo, Calabria, 5 de septiembre 1568 - París, 21 de mayo de 1639), que fue escrita en 1602, pero no fue publicada hasta 1623. Al igual que la anterior, se desarrolla en forma de diálogo entre un afamado almirante genovés y el Gran Maestre de los Hospitalarios. El hombre de mar narra al caballero cómo se vio forzado a desembarcar en la Isla de Taprobana, donde los nativos lo llevan a la Ciudad del Sol, que está cercada por siete grandes muros, destinados  cada uno a un planeta del sistema solar. En la cúspide del monte se halla un edificio dedicado al culto del Sol. En síntesis, es la idealización perfecta de una sociedad social-teocrática.

Y, por último, nos referiremos a “The New Atlantis” (La Nueva Atlántida), escrita, entre 1624 y 1626, por el filósofo (padre del empirismo), político, abogado y escritor Sir Francis Bacon (22 de enero de 1561 - 9 de abril de 1626), primer barón de Verulam, vizconde de Saint Albans y canciller de Inglaterra. Fue publicada en 1627. En este inconcluso relato se nos narra, en primera persona, el viaje a una ciudad-estado mítica, llamada Bensalem, en la que los ciudadanos mejor preparados para la ciencia dirigen una especie de universidad del saber, llamada “la Casa de Salomón”. El método de obtención del conocimiento es, como es obvio, el de la inducción en forma de experimentos científicos. Es decir, el pleno desarrollo del empirismo en nombre de la ciencia y la tecnología.

Si Tomás Moro y Campanella, siguiendo al canciller inglés, propugnan la idea socialista, Bacon cree advertir la solución del problema económico y social en el creciente desarrollo de la ciencia, Ésta ha de dar respuesta a todas las cuestiones humanas, incluyendo las relativas a cómo crear y cómo distribuir la riqueza. La ciencia como maestra de la Vida.           

Ejemplo de sociedades “ficticias” distópicas


La Distopía es uno de los subgéneros más propagados de la ciencia ficción.

La más conocida es casi sin duda “1984”, de George Orwell, que retrata espléndidamente un indefinido futuro de la humanidad, fragmentada en tres megaestados de perfil claramente neofascista.

Otras obras muy sugestivas son: “Mercaderes del Espacio”, de Cyril M. Kornbluth y Frederik Pohl, una burla frente al capitalismo y la omnipresente publicidad; “Todos sobre Zanzíbar”, “El rebaño ciego” y “Órbita inestable”, tres distopías de John Brunner que tratan respectivamente la superpoblación, la contaminación y el armamentismo; “El cuento de la doncella”, de Margaret Atwood, un enfoque feminista de una teocracia absolutista en los EE.UU. (tema ya clásico tratado en su momento por Heinlein en “Si esto continúa...”).

Como es lógico, las Distopías, también han sido reproducidas fuera del ámbito literario.

En el campo del cine un buen ejemplo es “Soylent Green” (1973), adaptación de la novela “¡Hagan sitio, hagan sitio!” de Harry Harrison, que trata, de igual manera, de la superpoblación.

Dentro del campo del cómic el ejemplo paradigmático es la aclamada “V de vendetta”(2006), con guión de Alan Moore e ilustraciones de David Lloyd, divulgada a lo largo de los años ochenta, donde se esboza un germinal Reino Unido postnuclear en la que un misterioso anarcoterrorista lucha por demoler al gobierno fascista de ese momento.

La icónica, y pionera, “Metrópolis” (1927), de Fritz Lang, se sitúa en lo más alto de la cinematografía distópica. Mastodónticas megaurbes con “ciudadanos” viviendo felices en sus rascacielos; en contraposición la clase obrera subsiste en el subsuelo, hasta que una angelical María surge para orientarlos. Figuradamente, hacia la libertad, pero,… en realidad… Una innegable pieza maestra, de visionado imprescindible, y referencia absoluta.

Y, como mención especial cabe destacar, la muy estimulante “Brazil” (1985), del cineasta británico Terry Gilliam. La cinta es un claro homenaje, de corte satírico, de la novela orwelliana “1984”. 


Conclusión


Después de muchos comentarios (y reflexiones) extraídos a través de conversaciones de la calle (aparentemente triviales), de lecturas varias y, sobre todo (en este último lustro), del ambiente que nos rodea, se pueden llegar a percibir claras muestras de estar, ya, inmersos en este tipo de sociedades.

Las llamadas democracias imperantes, en las que estamos indefectiblemente instalados, nos han despojado de los atributos propios (sagrados e inviolables) de la PERSONA, como son los siguientes: Libertad, Ética, Dignidad, Justicia, Individualidad, Verdad, Integridad y Humanidad. Por lo que, esta panoplia de colectividades enfermas y deformes, se caracterizan por rasgos, y calificaciones, tan concluyentes, y execrables, tal como: burocráticas, prepotentes, injustas, alienantes, “globalizadoras”, clasistas, discriminatorias, incompetentes, corruptas, liberticidas e inhumanas.
     
¿Qué opináis al respecto?


Santiago Peña


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