domingo, 11 de octubre de 2015

ÉTICA Y LIBERTAD


*     *     *


Siempre que mis actos generen consecuencias positivas para los que me rodean, diremos que la Libertad ejercida es una verdadera Libertad porque, toda ella, es, evidentemente, Ética.

Por lo tanto: la conquista, irrenunciable, de la Libertad (de unos y de otros) es la concreción de un mundo plenamente Ético. La Justicia y la Libertad habrán alcanzado la mayoría de edad de la Humanidad. Todo lo existente se desarrollará en una franca Armonía; la Verdad, en todo su esplendor, se hará plenamente presente. Desde la Metafísica clásica, u ortodoxa, se dice que la Verdad es Dios. Más bien, habría que plantearse, que la Verdad define a la Realidad. Sólo una Verdad; sólo una única Realidad. El mismo Universo (Todo Uno) es la única, e incuestionable, Verdad.

La Sapiencia como culmen de la Virtud. La PERSONA Sabia es Verdaderamente Buena. No hay fortaleza más evidente que la Virtud. La Integridad de la PERSONA como suma de todos los Valores; como síntesis de todo lo que nos hace ser auténticamente Humanos.  

En cambio, ser egoísta, coarta nuestra Libertad. El mal, concebido por actos cortoplacistas, genera nuestra propia falta de Libertad. El mal es la debilidad personificada; es lo incompleto y es la inmadurez del individuo, de la tribu o de toda una sociedad. La violencia es impotencia. Los seres inmaduros son violentos por su innegable debilidad: "Mi mundo" es un mundo limitado, sin perspectiva, ciego, sordo, enano, insensible, imperfecto y, sobre todo, negacionista de la verdadera Realidad. Las falsas realidades, son sólo eso: ilusorias, aparentes y efímeras. No seremos; siendo "carceleros" de nuestras propias subsistencias.

El sentirse, "verdaderamente", libre implica: no atentar contra uno mismo, no agredir al resto de nuestros congéneres y  no destruir el entorno (todo lo que representa la naturaleza). Por lo que el fin último de cualesquiera sociedad/civilización, realmente evolucionada, es el Bien Común de toda existencia pasada (conservación), presente y futura.

No obstante, cuando los infinitos procesos de la vida eclosionan, generan identidades dispares y/o contradictorias. Es el caos que, perfectamente diseñado y propio de su ingénita inmadurez, da a luz engendros; seres grotescos, pero poderosos. Los mismos son capaces de todo tipo de creaciones maravillosas y, a la vez, deleznables y/o monstruosas. A estos resultados no esperados, por formar parte del caos, lo llamaremos "el mal".

Todo ello, nos lleva a la maldad que es la alteración forzada; violentada, de lo inicialmente armónico. Cuando se ejerce la fuerza sobre el mal la consecuencia, pretendidamente no deseada, es más mal. A toda acción de fuerza se produce una reacción igual, o superior, de más fuerza. Es decir: de más maldad. No de fortaleza, si no de más debilidad.

En cambio, el Bien es el resultado (preconcebido, autónomo y maduro) de actos armónicos. Es decir: la natural, y esperada, síntesis del Equilibrio Cósmico.

Por este principal motivo los individuos inductores, o generadores, de actos malignos transitarán en un mar de infinita tortura existencial, agonizando en un océano de incombustible dolor interior y de permanente debilidad. En definitiva: no se aman; no se respetan. En el fondo: se odian; proyectándolo hacia el exterior con salvaje fuerza, en algunos casos, o en movimientos fríos, en otros. "Máquinas" con fecha de caducidad. Todo lo maquinal, por definición, es impersonal, limitado y heredero de todas las imperfecciones humanas. En sus torpes movimientos no conciben la Libertad y no saben que es la Paz. No son honestos con ellos mismos y, por supuesto, con el resto de la Humanidad.

Por consiguiente: el Azar no existe. Simplemente que no conocemos la cadena de acontecimientos provocados por una causa primera. Todo principio tiene su(s) consecuencia(s) que afectará, en mayor o menor medida, a todo lo adyacente...

-Actualmente,  para justificar el asesinato de PERSONAS inocentes en las múltiples guerras que nos asolan, se ha acuñado (eufemísticamente) la siguiente frase: "Daños colaterales". Hablemos con propiedad: crímenes de guerra. Toda guerra es un crimen contra la Humanidad, y es el mal en su máxima expresión-

Seguimos siendo unos "monos con dos pistolas". Peligrosos y autodestructores. La maldad como prueba de nuestra evidente, e insoportable, inmadurez. El género humano es autodestructivo porque en el fondo nos odiamos; nos ignoramos; no nos soportamos y, lo más grave, no nos conocemos. Y consecuencia de todo ello: no nos Respetamos. Lamentablemente no somos muy propicios a emplear, desde la Humildad más absoluta, esta Superior Actitud.

La Libertad como culmen de nuestra anhelada madurez.  En cambio, nuestras sociedades son oscilantes y no lineales en el tiempo. No existe una "cacareada" evolución. Damos un paso y retrocedemos dos. A nivel científico-técnico no lo pongo en duda -¡faltaría más!- Pero,... en el plano del Espíritu, me temo que no...

La civilización occidental fue depositaria de Valores Universales que han sido maltratados, despreciados y  (en el mejor de los casos) desterrados, en pos del utilitarismo, la apariencia, la modernidad, la relatividad (Ética y Moral), la fatuidad, el materialismo, la vacuidad, la vulgaridad, la indolencia y, como recapitulación a todo lo expuesto, a una total irresponsabilidad (las mal llamadas "responsabilidades compartidas" ¿...?). El mal causado no es nominativo y, por lo tanto, "no tiene dueño".

Nos debemos a nosotros mismos. Regenerarnos; cambiar para, efectivamente, cambiar. No cambiar (giro de 360º) para quedarnos igual. Estamos obligados a recuperarnos o, inexorablemente, nos autoextinguiremos. Ética, Moral, Verdad, Razón, Bondad, Solidaridad, Responsabilidad, Integridad y, sobre todo, Dignidad, son Valores Universales que caracterizan al Género Humano. Si no es así, no nos deberíamos calificar como tal. Más bien... unos simples humanoides tecnológicos.

Lo que, verdaderamente, cambiará el mundo no es la perfecta utilización de las máquinas, o el total dominio de las múltiples ciencias, si no la potenciación de la PERSONA: el enriquecimiento espiritual, la plena madurez, la permanente, e incuestionable, utilización de la Verdad y del Sentido Común. Coherencia, Honestidad, Lealtad y Humildad son ramilletes de la Excelsitud. Es decir: Debemos reconquistar la Aristocracia del Espíritu; lo mejor de nosotros mismos.

El Poder Hacer implicará, posiblemente, Felicidad. El Poder positivo, el Poder en mayúsculas, es el Bien; es el Bien Común o el máximo bien posible a toda la comunidad. La Autoridad es el conocimiento enjuiciado; es Integridad. En definitiva: es el Saber, expresamente reconocido, es Sapiencia y es Virtud.

La total desnudez hace a la PERSONA. Lo demás: artificio, angustia y frustración. Nacimos desnudos y desnudos nos iremos. Nada seremos por mucho que tengamos. La Libertad no es tener; la Libertad es la Potencia (o capacidad) de Poder Ser. La Ética induce, invariablemente, a la Libertad. El no depender del Tener libera: "nada tengo"; luego soy "dueño" de mí Potencia para Poder Ser. El Poder Ser lo que uno quiera Ser, respetando a los demás, se llamará Libertad. Conforme más seamos (el Poder Ser uno mismo), más libres nos sentiremos.

No hay mayor camino hacia la Libertad que el Poder Ser


Santiago Peña


*     *     *

sábado, 22 de agosto de 2015

VACÍO Y PLENITUD


*     *     *


La fe en "algo" es consustancial a la esencia misma del pensamiento humano. Y resultado de un claro, y evidente, Vacío existencial el hombre hizo a Dios. Las religiones son su consecuencia. Por este principal motivo, posiblemente, el hecho religioso precedió a la reflexión filosófica...

A esa divinidad, necesariamente creada a imagen y semejanza nuestra, se la inviste de aquellos "superpoderes" que la misma humanidad carece, como son: la inmortalidad, la omnisciencia, la benevolencia, la omnipotencia,... etc. Es decir: de todas aquellas propiedades que el género humano, por su propia constitución finita, jamás podrá llegar a poseer.

Gracias a esta "magia antropológica" (imaginación infinita, idealización, frustración y un anhelo irresistible de protección): creemos, porque queremos creer; deseamos creer; necesitamos creer. Creer en nosotros mismos; en un Ente (que no sabemos lo que es) superior a nosotros. En una Entidad Cósmica que nos supera, que nos traspasa, que nos inunda, que nos arrebata... pero que, a la vez, nos "protege", nos "consuela", nos brinda la fuerza que necesitamos en momentos de cruda e intensa debilidad. Ante todo esto, Dios es la réplica a nuestras exclamaciones; ante el sufrimiento. Esa fuerza está ahí; nos es propia (esotérica); nace de nuestro interior más profundo... pero la gran mayoría desconoce... desconoce porque "no se conoce"... ¡porque no nos conocemos!

En nuestro albor, producto de una primigenia (e inmadura) transcendencia, fuimos "creadores" y, a su vez, nos dejamos poseer (seducir) por el "fruto de nuestra propia creación". Ese "Ser" se hizo dueño del devenir de todo el Universo; usurpando, desde ese inmemorial instante y para siempre, las riendas de nuestros destinos... El "Hijo", habiendo tomado conciencia de su infinito poder, nos arrebató la memoria de nuestra "paternidad", de nuestra "Edad Dorada"...  Fuimos testigos de la pérdida de nuestra inocencia; descubrimos, súbitamente, un deseo irrefrenable de adquirir Conocimiento… ¡Y así seguimos!
 

Somos Consciencia y somos la propia Divinidad

Dios es la síntesis de las potencialidades humanas. Dios es la Perfección substanciada en la que se proyecta la humanidad. Vacío es lo que siente la especie humana; Plenitud es lo que nos tramite Dios.

A partir de ese "desconocimiento"... La PERSONA, en graves momentos de crisis y de extraordinario dolor, se reactiva. Se reaviva gracias una "fuerza misteriosa" que muchos la llaman "divinidad" y otros tantos "Fuerza de Espíritu". Por todo ello, creyentes, como no creyentes, necesitamos de un "dios personal". Para unos será "el revelado" y para los demás será "el interior" (nuestro Daemon socrático).

Soy de la opinión que, incluso los que se autotitulan agnósticos (ateístas axiológicos), son practicantes de su "particular religión". Honestamente creo que, todos (de una manera u otra), somos portadores de una única (y "verdadera") religión: "la nuestra". Por lo que diríamos (y sin incurrir en una falacia): que existen tantas religiones como seres humanos en el mundo.

Por lo tanto: no se puede ser ateo de uno mismo. Se asume, a menudo, que las PERSONAS que se autodefinen como ateas son irreverentes e incrédulas (librepensadoras). Por todo ello, desde las religiones oficialistas (principalmente abrahmánicas), rebaten la "presencia" de una divinidad particular (endógena). Sostienen, y se reafirman, que debemos seguir estando subyugados -como deudores perpetuos de su infinita bondad- a la voluntad arbitraria de ese Dios... De ese mismo Dios que nada hace por nosotros,... ¡porque, por nosotros, nada hacemos!


¿Se puede vivir espiritualmente sin la necesidad de creer en un dios?

De alguna manera es viable especular sobre una praxis espiritual; no estando taxativamente subordinada a lo que entenderíamos por una religión instituida y sin menoscabo de seguir manteniendo los cánones (o no) de una cierta tradición. La Mística Filosófica es una clara muestra de otros posibles caminos para poder llegar a las más altas cumbres de la espiritualidad. Y la Música, una fiel compañera de viaje.  

También, a través de nuestra cotidianidad, existe una parte importante de mujeres y hombres, que se sienten atraídos por un "sentido de la trascendencia" que, en muchos casos, se vivirá, por ejemplo, a través de la  experiencia artística, algunos como creadores (emisores y receptores al unísono); otros como simples observadores (receptores). Cuando nos sentimos transcender al contemplar la belleza de una obra de arte, propia o ajena, lo llamaremos: "ponernos en contacto con la Consciencia Cósmica" (los otros dirán: "ponernos en contacto con la Divinidad"). Sin más nos unimos a ella; vivimos plenamente el hecho místico. Se puede llegar a sentir una fuerza (o atracción) mística siendo no creyentes. Es decir: no reconocer un Dios y por ende no estar al amparo de ninguna religión.

En conclusión: La Espiritualidad es la respuesta a un manifiesto, e inequívoco, deseo de emancipación del ser.

Debemos recuperar nuestra Esencia, revelarnos -¡decididamente!- sin miedos, sin titubeos. Dios existirá siempre que se quiera que exista. Muchos lo necesitan: les es más cómodo. Otros ya gozan de su propio Espíritu; verdadero poder de la PERSONA.


Santiago Peña


*     *     *

domingo, 9 de agosto de 2015

RENUNCIAR A NUESTRA ESENCIA


*     *     *


Renunciar a la Libertad ("a nuestra Esencia"); a la Libertad de ser uno mismo. No estamos preparados -ahora y, posiblemente, nunca- para vivir plenamente en Libertad. Preferimos sentirnos "protegidos", tanto a nivel material (el Estado), como a nivel espiritual (la Religión).

El miedo a lo desconocido, en sus múltiples facetas, nos hace ser dependientes de otros (héroes, señores de la guerra, caudillos, reyes, sacerdotes, líderes carismáticos, dictadores, gobiernos, imanes, instituciones, chamanes, emperadores, patriarcas y/o estados).

Por este, principal, motivo delegamos, y reconocemos, Autoridad en aquel que percibimos que está más, y mejor, preparado que el resto de nosotros...

El que aprecia que ostenta el Poder ejerce la Autoridad de una forma natural. Y, por encima de todo, se debería considerar libre pero... ¡No es así! ¿Por qué? Por el sentido de Responsabilidad.


Todos reclamamos Libertad, pero nadie la disfruta


El ejercicio de Autoridad,  por parte del "poderoso", conlleva obligaciones que, tanto los "protegidos" (tutelados) como los "protectores" (tutores), asumimos en su justa medida. Por lo tanto: todos nos sentimos protegidos, pero no libres, y, en casos extremos, esclavos...


La Libertad como culminación de la Humanidad; 
la seguridad nuestra trágica Realidad


Santiago Peña



*     *     *


domingo, 26 de julio de 2015

ACERCA DEL CARISMA



*      *      *



En referencia a un determinado tipo de individuos singulares ¿qué entendemos por Carisma? Se podría definir, más o menos, como: la capacidad que ostentan ciertas personas para motivar y suscitar la admiración de sus prosélitos, gracias a una supuesta cualidad de “atractivo personal”. En su raíz etimológica vendría a ser el "arte natural de agradar" o "de hacer favores".

La Autoridad Carismática, junto con la Autoridad Legal y, sobre todo, la Autoridad Moral, son las tres formas de Autoridad por excelencia que se dan en toda empresa/sociedad/civilización que se tenga por mínimamente estructurada y/o evolucionada. 

Por todo ello, Carisma, se podría sintetizar como:

Una innegable condición distintiva especial que, en virtud de la cual, "es tenida aparte" de las personas comunes y presentada de atribuciones o cualidades prodigiosas, ímprobas o al menos originales para con sus incondicionales; como así mismo, y detalle muy importante, la capacidad de poder proyectar una Verdadera imagen de Credibilidad. Éstas no son posibles a las gentes normales,  pudiendo percibirse como de origen divino o al menos ejemplares, y, sobre la base de ellas, el individuo en cuestión es tratado como un adalid nato para sus  seguidores (votantes, militantes, pupilos, conciudadanos, adeptos, subalternos, discípulos...).

Está más que demostrado que es un don innato. Se nace con él. Por lo tanto, la PERSONA desprovista de esta especial cualidad, no es posible forjarla. Otra cosa diferente, siempre que se posea incipientemente (o se vislumbre parte de ella), es la obligación moral de madurarla u optimizarla en pro del beneficio común. 

En resumen: se podría determinar como el Conjunto de Valores armónicamente ensamblados para constituir la cualidad reconocida como Carisma.

Detalle substancial: en un mundo "gris" (por los tiempo que corren) el humor es un punto más, dentro de la comunicación verbal como de la no-verbal (esta última: tanto, o más, importante que la primera); por supuesto determinante en el quehacer diario de un personaje carismático que se tenga por ello. Es decir: proyectar un sano y natural positivismo en forma de empatía y distendida cercanía para con los demás.   

La PERSONA con Carisma es un "Portador de la Luz" y es, a su vez, la propia Luz; en el mundo de la empresa es el Jefe (en mayúsculas); en el mundo de la Realidades Últimas es el Guía;  dentro de las variadas formas de gobierno es el Rey y/o es el Presidente...

Por todo ello es, condición justa y necesaria, que la PERSONA destinada a dirigir a sus congéneres (en cualquier ámbito de la sociedad) debería ser depositaria -fuera aparte de todos los valores atribuibles- del máximo Carisma posible.

Hoy día, en un destacado número de (pseudo)líderes (políticos, económicos, sociales, empresariales,...), no cumplen con este Excelso Valor. Sus truculentas formas, por parte de los "incapacitados", de ascender al Poder son de lo más variadas: "hereditaria", intercambio de favores, "enchufismo", "clientelismo",... etc. No obstante, en el caso más favorable de poseer atributos encomiables (desde una impecable formación académica, más una contrastada experiencia profesional, para poder ejercer su cometido con plenas garantía de éxito), no es suficiente para poder ejercerlo. ¡Estamos hartos de tener correctos gestores y de padecer de nulos dirigentes! No proyectan nada: ni positividad, ni credibilidad, ni proactividad, ni humildad,  ni empatía, ni emotividad, ni locuacidad, ni veracidad,... y, por supuesto, invalidados en motivación. A fin de cuentas: No poseen Carisma.

Es preciso dejar paso, reconociendo nuestras limitaciones, a aquellos que invisten de este insigne Valor (más del resto que se le suponen). No "les barramos el paso" por no ser, éstos, "hijos de",... Tienen que existir -estoy convencido de ello- verdaderos "soles eclipsados" por auténticos incompetentes egocéntricos, consensuados por una caterva de mediocres aduladores y, presumiblemente, motivados por indignos intereses espurios. Los perversamente llamados "consensos" ("preferimos que dirija aquel, por ser más manejable, que aquel otro") es un mal "endémico" propio (consustancial) en la sociedad/civilización occidental (de esta colectividad neoliberal y ultracapitalista la puedo criticar porque la padecemos; de las otras civilizaciones coetáneas no las comento por un claro, y evidente, desconocimiento vivencial).

El Estado es una gran organización empresarial formado por PERSONAS. El motor de los países, como los de las compañías privadas, no es el capital. El dinero es importante (vital) para la fundación de las mismas pero... ¡nada más!

El verdadero motor de las empresas son las PERSONAS

PERSONAS motivadas y conducidas por carismáticos líderes; excepcionales dirigentes. Referencias éticas en sus hechos, competentes, resolutivos, dinámicos,... En definitiva: los mejor preparados, tanto por sus  cualidades humanas como profesionales.

¡Siempre el primero; jamás el último!

Las PERSONAS con Carisma son capaces de Despertar Conciencias, de levantar ciudades, de reactivar ruinosas compañías, de alzar países destruidos..., de regenerar destinos comunes; de Infundir fuerza para el sacrificio colectivo...


Fuerza, Verdad, Honor


Santiago Peña



*      *      *