domingo, 16 de octubre de 2011

DOS MEDITACIONES


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El Ave Fénix


En los periodos graves de crisis, las PERSONAS, necesitamos regenerarnos (renovarnos) para, sin perder nuestra esencia (los gestos tipo que nos identifican o elementos diferenciadores), volver a sentirnos fuertes, capaces, útiles y, sobre todo, ¡VIVOS!

En estos momentos, mi decadencia física es palpable; el “águila” (la fuerza del espíritu) hará el resto… ¡porque VIVO me siento!

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Las reflexiones filosóficas como concienciadora de almas

La lucha social no está reñida con las reflexiones filosóficas; es más, un pensamiento (una idea), puede inducir (o motivar) a la lucha sin cuartel en contra de las intemporales y flagrantes injusticias que nos infligimos los unos a los otros.
Está por llegar la nueva generación que todo la cambiará ¿Estamos dispuestos a salir de la letárgica situación en la que estamos instalados?

La cobardía es mala consejera pero, la libertad con los brazos abiertos, nos espera.

Hagamos el supremo esfuerzo de superarnos y vayamos a su encuentro: desnudos de envidias, males inconfesables, mentiras y rencores perpetuos.

La libertad, nos vestirá de la humanidad suprema.

La Libertad, como fin último de la Persona.


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Santiago Peña



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miércoles, 12 de octubre de 2011

TRES PENSAMIENTOS


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¿Qué ES LO REAL?

 

¿Desde la visión de quién o de qué?... Hay una única realidad, que no es la tuya, la mía, ni la de nadie y en el que espacio y tiempo pierden su significado; es la síntesis de la totalidad, única e inmanente:

Hay tantas realidades como infinitos puntos tiene el universo


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LA SOLEDAD (ACEPTADA POR PROPIA VOLUNTAD)


Es posible que, desde una interpretación física de la persona, la soledad la acabes asumiendo como fases de tu propio crecimiento; más silencios, más reflexión, más deseos de conocerte, de amarte, más paz interior...y, eso, se traduce en deseos de soledad, de una soledad armónica pero ¡soledad a fin de cuentas!

Al mismo tiempo, la propia visión de tu mundo transcendente, te hace sentirte más en comunicación con el resto de la humanidad:

El alma busca la soledad para poder estar con los demás


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El ALMA Y EL ESPÍRITU (PRINCIPIO Y MOTOR)

 

EL vacío (la nada) y la soledad son estados (o sensaciones) del ALMA.

Si partimos de la base que nuestra ALMA es perfecta, pasar de la nada (el vacío) a la plenitud (del ALMA) es una transición enteramente realizable, ya que es impulsada por la fuerza de nuestro espíritu. Éste será el encargado de elevarnos por encima de contratiempos y/o situaciones adversas y, una vez superados con el impulso adquirido, nos elevará a metas superiores:

Ésta es la auténtica demostración del individuo que, una vez regenerado, adquiere la condición de PERSONA en fase de maduración y se puede decir, sin lugar a dudas, que ha iniciado el CAMINO.


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Santiago Peña 

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sábado, 1 de octubre de 2011

APROXIMACIONES A LA SABIDURÍA / 2


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-La información la devoramos, la comunicación la gestionamos y el conocimiento lo atesoramos. La sabiduría no necesita de información, ni de comunicación, ni de conocimiento. Es, puramente, un estado… un fluir.

-La obscuridad es necesaria para poder encontrar la verdadera luz.

-La imaginación no conoce límites temporales ni terrenales; nosotros, ignorantes de todo, la castigamos, censuramos y mutilamos.

-El hacer “despertar al durmiente”, que llevamos dentro, depende exclusivamente de cada uno de nosotros.

-No nos damos cuenta que cada vez sabemos menos. Y cuando nos demos cuenta no sabremos nada.

-En el fondo del pozo de la ignorancia se encuentra la luz de la sabiduría.

-La comprensión no es aprendizaje si no vivencia.

-La luz siempre resurgirá de la oscuridad. El camino es el fluir. La luz nos guiará en el fluir de nuestro caminar.

-En el fluir de la vida no hay tiempos; el fluir es un estado mental. Por lo que nadie se obsesione en plantearse una meta temporal.

-La vida real nos marca. Qué no nos marque nuestra verdadera vida.

-Todos, en parte, somos “Guerreros de la Luz” pero, muchos, la tienen fundida.

-El camino, nuestro camino, lo hacemos nosotros mismos y nadie más.

-Siempre dudo, incluso de mi propia existencia. Por este motivo, en la duda, se aloja la verdad. 

-Las palabras, según quien las diga, pueden ser mágicas; como mágico será nuestro despertar.


Santiago Peña 


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sábado, 10 de septiembre de 2011

UNA BREVE APOLOGÍA SOBRE EL EXISTENCIALISMO


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El comienzo de esta corriente filosófica fue a partir de la célebre frase que acuñó Dostoievski: “Si Dios no existe, todo está permitido”.

Indudablemente no hay excusas y todo está admitido. Como resultado la PERSONA está “dejada” porque no encuentra en sí, ni fuera de sí, la posibilidad de aferrarse a alguien o a algo.

Si evidentemente la existencia antecede a la esencia, no podrá de ningún modo ejercer un cierto esclarecimiento en referencia a un principio de humanidad proporcionada e inamovible; en otros términos, no hay determinismo: la PERSONA es libre, por lo que encarna y representa la libertad.

Dicho de distinta forma, si Dios no existe, nos hallamos sin valores u órdenes que puedan justificar nuestro gobierno. Así nos encontramos que, ni por el anverso ni por el reverso, se halla el refulgente feudo de los valores, coartadas o disculpas. Deambulamos solos y sin pretexto alguno. Por lo que, repito, la PERSONA está “condenada” a ser libre.

La PERSONA, sin sostén ni asistencia, está “penada” en todo tiempo a concebir a la PERSONA. Esta “pena innata a vagar por el mundo” se debe al hecho de que no se ha creado a sí misma y, a pesar de todo libre porque, una vez “arrojada”, es garante de todo lo que forja. Es decir, cómo “actuar sin más guía que su propia conciencia” (Dostoievski).


Santiago Peña


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domingo, 28 de agosto de 2011

SOBRE EL ODIO

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El odio es una emoción de intensa repulsión, pesadumbre, hostilidad, rencor o repugnancia hacia un semejante, cosa, o suceso, con francas posibilidades de enquistarse en el tiempo, así como la necesidad de evadir, restringir o aniquilar a su objetivo.


El odio se puede basar en el miedo al objeto en sí (como un plausible causante de su infelicidad), ya sea argumentado o no, o más allá de las derivaciones negativas de relacionarse con él.


El odio se podría describir como la antítesis del amor o de la amistad. El odio, a su vez, puede concebir estados de aborrecimiento y sentimientos destructivos de diversa índole, como el equilibrio armónico del oponente y, en algunos casos extremos, la autodestrucción.


El odio no es justificable ni defendible, bajo ningún concepto, desde la razón y el sentido común; se frustra la posibilidad del diálogo y cimentación común. Es probable que las personas sientan una innegable aversión sobre otras personas, especies de bichos y/o animales muy concretas (serpientes, arañas, ratas, cucarachas,…), organizaciones (políticas, religiosas, culturales, deportivas,…etc.) o a determinadas ideologías, corrientes filosóficas, grupos étnicos,…etc.


En síntesis, el odio se percibe como un vivo e intenso estado de irritación perdurable en el tiempo.



¿Qué es el odio?

-El odio es el miedo camuflado con un cierto toque de orgullo.

-El odio es la maldad personificada.

-El odio es frustración y desconocimiento de uno mismo.


Como detalle del mal intrínseco que algunos revelan “los animales no odian, algunos individuos sí”.

Aquel sujeto que desee el mal hacia el prójimo no merece que se le califique. Pierde toda categoría.

No odies porque disiparás tu condición de PERSONA.


Santiago Peña


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sábado, 30 de julio de 2011

DESDE UNA VISIÓN ESTRICTAMENTE ANTROPOLÓGICA ¿POR QUÉ EXISTE DIOS?


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Dios es amor puesto que es una creación de la humanidad. Es una proyección de nosotros mismos, con la clara intención de cubrir espacios ante nuestro propio vacío existencial. Es decir, nuestra carencia de amor ha creado a Dios.

Dios, por lo tanto, es una necesidad humana vital y que nos sirve de escusa cuando no entendemos el fin de nuestros días, ni el devenir de nuestras propias existencias. Ante esta incomprensión al vacío, a una innegable soledad, angustia, miedo…etc., “surge” el Ser Supremo, que todos llevamos dentro, que todo lo entiende, lo sabe, lo ama, lo resuelve, lo protege,…etc.

A Descartes le debemos, desde la metafísica, la “falsa” demostración de la existencia de un Dios inductor de su propia razón de ser; ¡la trampa era perfecta! ¿Cómo demostrar el acto de existir de un Ente Superior, ante un pobre pensante como yo, causa primera y única de toda la existencia del universo? ¡Ojo!, que estoy hablando de un Dios como pensamiento y no como fe. Le fe induce, a través de la revelación, a creer en Dios y nada más. Un firme y convencido creyente ni se plantea estas preguntas, ¡Es dogma de fe y punto!

Lo que es evidente que, por el simple de hecho de pensar en su posible existencia, paradójicamente ya se la estamos otorgando. Desde cualquier disciplina teológica/filosófica es plausible demostrar su existencia y, en cambio, es prácticamente imposible demostrar su no existencia. Repito: esta argumentación teísta la planteo desde la visión de un Dios antropológico generado por nuestro propio consciente y/o subconsciente.

De todo aquello que se habla o discute se está confirmando, como mínimo, su posible existencia. De todo aquello por lo que no se contiende posiblemente no exista.

Si yo me planteo, a través de una pura reflexión, la posible existencia de Dios, en gran medida, ya se la estoy concediendo… ¿Si yo pienso o razono en él quien me puede discutir su (o no) existencia?

Somos Impulso irresistible como causa primera en la existencia de Dios. Por lo que Dios existirá hasta que, tal como somos actualmente, dejemos de serlo. No necesariamente implicará nuestra desaparición sino… una más que evidente evolución transformadora. La etapa post homínida, con una clara reminiscencia animal, dará paso, a través de nuestro transcender, a esferas universales del ser. A partir de este punto, honestamente, creo que la figura de Dios, compensadora de nuestras carencias e imperfecciones, habrá dejado (desde nuestro interior) de existir.


Santiago Peña


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sábado, 23 de julio de 2011

SOBRE LA DIGNIDAD

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La dignidad, como valor inherente de la persona, se basa en la Ley natural (o Derecho natural), es decir: conjunto de valores universales innatos al individuo y por tanto anteriores al llamado Derecho jurídico.


Desde una visión religiosa:

No estaría de más recordar que, el concepto de dignidad humana, ha tenido un recorrido variopinto a lo largo de la historia. Durante épocas anteriores dicha valía emanaba de la relación hombre/Dios y hacía del primero un ser “digno” por ser imagen del segundo. Gracias a las cualidades que le fueron otorgadas (intelecto, palabra,…etc.) el ser humano podía manifestar su esplendor y hegemonía sobre el resto de los animales: el hombre era el único ser valioso puesto que Dios le otorgó, sólo a él, las capacidades más nobles para ejercer su predominio y perfeccionar su conocimiento.

El concepto de dignidad era, así, signo de una idea religiosa. Y las razones de su aparición deben inquirirse en el antropocentrismo promovido, en gran parte, por las religiones judeo-cristianas.


Desde una visión contemporánea:

El hombre como causa final y base de su dignidad. A partir de este concepto relativamente moderno surge la idea de los derechos humanos. Se reconoce la superioridad del “animal hombre” sobre el resto de los animales y, a su vez, se “oficializa” el principio de igualdad (Carta de los Derechos Humanos).

El cambio de paradigma es notable: se pasa de castas y clases sociales a una teorética igualdad pero, de facto, permanentemente incumplida y motivo de conflictos sociales (hoy) cronificados en el tiempo. Este problema del ser y de lo que debería ser implica el deber de ser.

Como ejemplo a nuestro quehacer diario surge y se vindica la palabra respeto. Respeto por, para uno mismo y hacia los demás. El ser humano es valioso per se y, por cumplir con esta intrínseca situación, digno.

De este valor fundamental por ser lo que somos, nacen dos conceptos o ramas esenciales del ser: autonomía y libertad, desmarcándose claramente del reino animal. Como podemos entrever, estos dos valores absolutos, fundamentan y vinculan la dignidad humana con una pretendida prestancia natural del individuo.

Hay que destacar, en gran medida, la educación como elemento motivador y estimulador de la voluntad y de la inteligencia. Se obtiene capacidad crítica dirigida hacia la autodeterminación del sujeto: se es consciente de mi identidad pasando a adquirir la condición de ciudadano, por lo que se asumen y reclaman todos los derechos inherentes a la persona.

A la misma dignidad le contraviene la vulnerabilidad por el simple hecho de ser humanos. Lo emocional tiene su razón de ser y más que contravenir a la dignidad la complementa. Somos dignos porque somos vulnerables. El respecto que sentimos, o deberíamos sentir, por el sufrimiento de los demás nos concede el grado supremo de la dignidad. Esa solidaridad innata que nos proyecta hacia el sufrimiento ajeno nos confirma, una vez más, en nuestra dignidad.


¿La dignidad humana nunca ha estado tan amenazada como hoy? O ¿se está en un periodo de expansión hacia su máxima significación?

Como se diría: ¡me contraigo para hacerme más grande en mi dignidad!


Santiago Peña


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