domingo, 3 de julio de 2011

SOBRE EL AMOR

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El amor es un concepto universal concerniente a la afinidad entre seres, descrito de otras formas según los diferentes pensamientos y perspectivas (científica, filosófica, religiosa, artística,…).

¿Qué se entiende por afinidad?: Tendencia de la PERSONA o grupo de PERSONAS a combinarse con otras.


Por lo que, el amor (en su sentido más amplio), se podría definir como una emoción intensa de la PERSONA que, partiendo de su propia carencia, precisa y busca la unión (física o espiritual) con otro ser, procurando reciprocidad en la complementariedad, alegría, aportando energía para convivir, comunicar y crear.


Desde el ámbito científico, el amor lo podríamos catalogar como el instinto de conservación de la especie, plasmado en el deseo reproductivo como obligatoriedad: machos y hembras se emparejarán como fin último de la perpetuidad; el individuo no cuenta, la especie sí.


En el terreno de la filosofía, el amor es una virtud que representa toda la bondad, compasión y afecto del ser humano hacia sus semejantes y a la naturaleza en general.


Desde una visión metafísica, el amor se podría describir como principio y final del cosmos; es la razón de la existencia en sí misma, basada en la imperfección, en la fuerza de atracción que todo lo rige, en el fluido vital…


“Somos seres incompletos, deambulando en un baile infinito, en busca del complementario que nos dotará de la anhelada perfección imposible de hallar”.



Concepciones del amor


El egoísmo, germen y base del capitalismo, se potencia y valora el amor a sí mismo, y a su obra, en beneficio propio.


El altruismo, como amor (universal) para la obtención del beneficio común de la humanidad; la felicidad aportada a los demás es nuestra felicidad. Se podría considerar como amor transcendente, situándolo en un nivel de consciencia superior.



Expresiones del amor


Entre las principales destacaríamos:


Amor propio, es, desde una visión humanística, el sano amor hacia uno mismo o autoestima.


Amor incondicional o amor altruista, que se practica sin esperar nada a cambio. El amor espiritual sería, por antonomasia, amor altruista. El amor maternal se podría expresar como el sumun del amor incondicional.


Amor paternofilial o amor entre padres a hijos y viceversa.


Amor fraternal o amor entre hermanos.


Y, por último, la amistad, próxima al amor fraternal, es un sentimiento que nace del deseo de los seres humanos de relacionarnos en sociedad. El amor al prójimo nace a su vez del uso de la facultad de la mente de empatizar y transigir.



Santiago Peña



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sábado, 2 de julio de 2011

SOBRE ÉTICA

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La ética es unas de las principales ramas de la filosofía, junto con la lógica, la metafísica, la gnoseología, la estética…, que comprende el estudio de la moral, la virtud, el deber, la felicidad y el vivir acorde al buen proceder.

En definitiva, la ética es el arte de vivir, de acuerdo a la razón (reflexión y argumentación) y aplicando determinadas reglas morales afines a valores universales (inmutables) establecidos.

La ética como forma de distinguir lo bueno de lo malo


La ética se encarga de juzgar o premiar, no al hombre, sino a sus actos catalogándolos de buenos o malos en función de los resultados obtenidos.


Por lo tanto, la ética calificará, de acuerdo a reglas morales preestablecidas, que es lo que podemos llegar a considerar como “bueno”, “malo”, “verdad”, “mentira”, “justo”, injusto”…etc.


Yéndonos a lo cotidiano ¿qué entendemos cómo comportamiento ético?: toda aquella acción que implique no perjudicar a un tercero causándole males innecesarios.


Ética utilitarista de los hechos


Actualmente se ha instalado un cierto tipo de ética utilitarista de los hechos; yo la llamaría de valores relativos, que está provocando una descomposición acelerada de la sociedad/civilización tal como la hemos conocido…

A modo de conclusión

Debemos de asentarnos en la axiología existencial, es decir en valores universales fundamentados en el sentido común y en la acción para que, a su vez, nos puedan trasladar a un estado de futuro claramente mejorable respecto al actual. Los valores restituidos darán nuevamente sentido y coherencia a nuestro quehacer existencial.

Santiago Peña

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sábado, 18 de junio de 2011

SOBRE LA TEMPLANZA


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Moderación, autocontrol, continencia, mesura, equilibrio, armonía de espíritu...


La templanza vista desde una óptica cristiana:

Pertenece al grupo las cuatro virtudes cardinales (La Prudencia, La Justicia, La Templanza, La Fortaleza), que reside en contener las apetencias y la querencia excesiva de los sentidos, encadenándolos al sano juicio.

Es una llamada virtud moral que refrena la persuasión de los goces y encamina la ponderación en el uso de los bienes instituidos y participados. Testifica la autoridad de la voluntad sobre las inclinaciones y salvaguarda los apetitos en los fines de la honestidad. La PERSONA moderada orienta hacia el bien sus deseos sensibles, guarda una sana discreción y no se deja arrastrar por la pura pasión del cardio.

La templanza denota moderación, dominio, control y señorío. Se debe vivir con comedimiento, justicia y parquedad. Se vive en libertad.

Etimológicamente, templanza, viene del término templo, y nos lleva a considerar nuestro cuerpo como un templo y en resumen significa discreción de los hechos.

Es la lucha racional, contra la lucha pasional de los placeres humanos no espirituales. Pero la palabra implica una balanza positiva, tener templanza es ser equilibrado.

La templanza revela conservación. Es energía vital representando la actividad de la vida en armonía con el cosmos y, cuando se desordena, se convierte en energía destructora,… caos.


A día de hoy se pueden diferenciar, claramente, dos tipos de templanzas:

-La innata, llamada “templanza de espíritu”.
-Y la “aprendida”, llamada simplemente “equilibrio emocional”.

La primera es consustancial a la PERSONA de comportamiento natural; de inclinación bella, sana y armónica…De carácter recio e imperturbable. Se verá afectada en menor medida por el entorno ni en la peor de las circunstancias posibles…

La segunda es impostada, “artificial” de inclinaciones mal sanas (o no) y con tendencia a desequilibrio (o no)… La calidad del método empleado (en su formación) mitigará las posibles desviaciones o perturbaciones provocadas por el medio…


Santiago Peña


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domingo, 5 de junio de 2011

SOBRE LA LEALTAD


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La lealtad es una virtud consistente en la observancia de conciencia, probidad y agradecimiento.

La lealtad es un compromiso de fidelidad que un sujeto, ciudadano o PERSONA le debe a su patria, comunidad, superiores (académico y/o laboral), amistades, familia, pareja y a sí mismo. Y sin menoscabo de la confianza depositada en él.

A nivel de la PERSONA nos centraremos en las relaciones sociales y de amistad. En el resto priman otras “circunstancias” de tipo afectivo-emocional (familia, pareja,..) que podrían distorsionar (y distorsionan) esta bella virtud.

Esta excelsa dignidad se complementa con la honestidad y compartiendo con ella, de base, los atributos de: justicia y verdad.

La antítesis de la lealtad es la traición: quebranto de la confidencia o reserva otorgada.

Hay que hacer una mención palmaria a la existencia de un tipo de “lealtad” que es cualquier cosa menos lealtad: me refiero a una actitud servil. Este servilismo llamado, equivocadamente, “lealtad ciega” campa, ha día de hoy, en todos los ámbitos de nuestro deambular social y, principalmente, en las esferas del poder político, económico y laboral: Ante una consigna, encargo u orden en contra de tu conciencia (regida, de una forma natural, por principios y valores incuestionables), la traición no existe.

Esta misma reflexión se debería aplicar (y se aplica) en el terreno de las relaciones interpersonales y como culmen: la amistad. La lealtad no tiene que rendir pleitesía al amigo y sí a la amistad.

Como síntesis a todo lo expuesto, aludiré el siguiente ejemplo:

-Dos amigos comparten un secreto y, en un momento dado, uno de ellos (fuente originaria del mismo) le encomienda al otro que difunda, a una tercera PERSONA, el mencionado secreto… ¿Tú qué harías?...


Santiago Peña


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sábado, 4 de junio de 2011

SOBRE LA TRANSMUTACIÓN

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Tu desintegración...tu desaparición como individualidad; la transcendencia como fin para la obtención de la belleza absoluta. Silencio, paz, quietud y el fluir en una única dimensión; espacio y tiempo pierden su significado. Todo es oscuridad y, a la vez, luz…

La beldad emerge entre bases poco recomendables; de la putrefacción surgen las más bellas flores...

¡Volemos!; no necesitamos las alas para soñar.

Tu transmutación...tu desaparición como individualidad; la transcendencia como fin para la obtención de la sabiduría absoluta. Silencio, paz, quietud y el fluir en una única dimensión; espacio y tiempo pierden su significado. Todo es oscuridad y, a la vez, luz…

La perfección emerge de la negritud; de la putrefacción surgen las más bellas páginas de la inteligencia humana...

¡Soñemos!; no necesitamos las alas para volar.

Beldad y perfección del alma: síntesis del hombre, de la PERSONA, libre, bella y sabia.


Santiago Peña


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sábado, 28 de mayo de 2011

SOBRE LA LIBERTAD

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La libertad es una entelequia, un deseo. Se podría decir que se tiende hacia la libertad en cuanto que se es libre dentro de unos límites circunstanciales que la envuelven.


No elegimos cuando queremos nacer ni cuando queremos morir. Nunca hemos sido portadores de la plena libertad, sí de una potencial libertad. El pensamiento sí nos confiere esa posibilidad: ¡Pensar es libertad!



¿Qué se entiende por libertad?


Se podría interpretar como la potestad natural que tiene la persona de realizar un hecho de una forma u otra (o no), por lo que es garante de ese mismo hecho.


Desde la ética se podría destacar que, la libertad, es inherente a la persona, es fundamento originario del hombre y basado en la autoconciencia y la responsabilidad moral. Por lo tanto, el individuo, no puede delegar su propia libertad/compromiso a ningún otro y, por esta atribución, la libertad, desde una óptica antropológica, no es posible eliminarla ni contradecirla. Todos los actos humanos predisponen a la libertad para poder ser moralmente atribuibles.


Desde una visión metafísica, la libertad se fundamenta en el Ser.


Partiendo del concepto de libertad para la acción (libertad positiva), es aquella que se entiende de “poder realizar” (sin limitaciones físicas ni temporales).


Por lo tanto, se infiere de que sí se puede realizar: “yo soy consciente de mi propia existencia y yo, y nadie más que yo, decido sobre la acciones a seguir”.


Con la libertad se alcanza la máxima plenitud como persona, es decir: la dignidad y por ende la grandeza porque ejerce la soberanía de sus actos.



A la libertad, se le anteponen fuerzas claramente antagónicas:


-El poder, opresión que ejercen los unos (personas, entidades o Estados) sobre los otros.

-La realidad limitadora, ya descrita con anterioridad.

-Y el “no pensar”, déficit de actitudes críticas.



Y, a su vez la libertad, tiene aliadas que la sustentan, apoyan y la dotan del poder para la acción.


Contaría con dos elementos propios, únicos y exclusivos de la persona:


-El intelecto, como forma de adquirir una conciencia crítica; un ejemplo al uso lo tendríamos en los llamados “libres pensadores”.

-Y la espiritualidad, como forma pura de reivindicar nuestro Yo. En este último punto, el alma se “legitima”, se le otorga de una carta de naturaleza ficticia o real (en este artículo no será motivo de discusión) y se le confiere a la persona identidad.


Como detalle digno de mención, tanto la libertad como el alma, son dos conceptos ontológicos que denotan: voluntad y movimiento del Ser. Por lo que convergen en un mismo fin: la voluntad de moverse.



Como principios rectores, el hombre en su plena autonomía, aplicará:


-La capacidad de actuar en consonancia con el sentido común.

-La capacidad de actuar en consonancia con su esencia.

-Y la capacidad de actuar en consonancia con valores universales, como la verdad y el bien común.



A modo de conclusión


La libertad no es un regalo, se (re)conquista a través del movimiento permanentemente. Pensamiento y/o acción: libertad.



Santiago Peña


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domingo, 13 de marzo de 2011

SOBRE LA TRANSCENDENCIA DEL HOMBRE


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Las PERSONAS somos seres transcendentes con un irrefrenable deseo de escapar de nuestra “realidad” física. Tendemos hacia la ensoñación, la imaginación, la abstracción… En definitiva, podríamos definirnos como materia viva espiritual y, por ende, poseedores de alma.


¿Qué es el ALMA?

Etimológicamente la palabra ALMA, del latín ánima, significa capacidad de moverse. Por lo que se atribuía esta cualidad a todo ser vivo (animales en general) que gozara de movimiento por sí mismo. Actualmente, a los vegetales, también se les atribuye esta condición por ser poseedores de vida, a pesar de que carezcan de movilidad.

En nuestra civilización/sociedad actual el materialismo nos asfixia, nos empequeñece y nos empobrece. Surgiendo, como reacción, un movimiento universal de recuperación, regeneración y reconquista del concepto LIBERTAD.

La LIBERTAD nace de la espiritualidad. No olvidemos que, como poseedores de ALMA, estamos en movimiento. El deseo de LIBERTAD (de movernos) nos empodera: actuamos, escapamos, huimos y tomamos “otros mundos” (otras realidades). Se reclaman otras existencias más armónicas con el entorno y se acuñan expresiones como “el mundo de la consciencia transcendente”: Somos TODOS y somos UNO.

La vida plena se adquiere el día en que, el ALMA se separa, para siempre, de nuestro envoltorio físico. A pesar de este gran impedimento, podemos llegar a aproximarnos a llevar una vida integra, virtuosa, de comportamiento ético y coherente.

La meta final: La perfección del ALMA...Lo físico (el límite) deja paso a la eternidad del ser (el infinito)...

De todo esto se infiere que necesitamos sentirnos PERSONAS y expandirnos hacia los demás, si no... ¿qué sentido tiene nuestra existencia? No obstante ¡repito!, la plenitud de la vida se alcanza al final de la misma.

La etapa del nuevo hombre (evolucionado) es transcender a sí mismo, exteriorizando todo lo verdaderamente humano de nuestro interior más íntimo (y más auténtico) en pos de metas superiores: La universalización del conocimiento y la conquista definitiva del bien común.


Santiago Peña


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